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Antofagasta, sustentabilidad y ciudades, oportunidad en la crisis: Perspectivas, innovación y el sueldo de Chile

Por José Antonio Piga Giles

Cuesta ver la ciudad integralmente, desagregada en infraestructura, vivienda, cultura y espacio público, transporte, entre otros, sin el espacio como protagonista de los procesos urbanos. En los análisis de la baja del precio del cobre, es notable la presencia de la ciudad. En la industria y en Antofagasta, el mayor distrito cuprí­fero del mundo, el fin del superciclo era esperado, pues saben que las riquezas mineras ora abundan, ora escasean. En esta crisis la ciudad ha emergido como actor en el desarrollo de la región, a diferencia de la tendencia donde lo urbano es soporte de la economí­a y la sociedad, escenario sin capacidad de acción.

La suma arroja problemas de transporte, contaminación ambiental, carencia de servicios, precios elevados, entre otros. ¿Una mejor vida en el desierto? Otra oportunidad perdida para sacar a la región (y al paí­s) de la dependencia de los recursos naturales. Este ciclo, dicen, extraordinario y finito, debió usarse para financiar otro escenario, en un rango entre un cluster minero de clase mundial, su reemplazo por otras actividades y el desarrollo de una “minerí­a sin minerales”.

Entretanto, la mayor parte de la población en la región, con un fuerte flujo migratorio nacional y extranjero, difí­cilmente accede a las oportunidades de la gran minerí­a, más bien sufre los efectos de la “enfermedad holandesa” y de la “maldición de los recursos naturales”1 . Se debate sobre las grandes empresas transnacionales operando en Chile y su relación con los territorios anfitriones, junto a la sensación de injusticia en las regiones productoras al examinar lo que queda en sus ciudades.

Se revisan las proyecciones de CODELCO a medida que su aporte al fisco disminuye dramáticamente. Aparecen los “pecados” de la industria y se plantea una “licencia para el crecimiento y el desarrollo”2 …

El fantasma del salitre recorre la pampa, quizás de nuevo “réproba tierra de maldición”3 .

Esta aparición de las ciudades incluye la distribución espacial de los impactos de la minerí­a, expresada en la movilidad de la fuerza de trabajo que conmuta4 : mejor calidad de vida, avances en el transporte en tiempo y costos y organización del trabajo en turnos. Así­ inversiones significativas son exportadas desde la región. Se ha calculado que estos recursos superan por mucho a los del Fondo Nacional de Desarrollo Regional5 , invertidos en ciudades con mejor oferta urbana, Santiago, La Serena o Valdivia.

Gran parte del producto de la minerí­a es exportado –fuera de la región y fuera del paí­s- y lo retenido parece tener destinos inciertos: rentas generales de la nación, que no se reflejan adecuadamente en las zonas productoras, dicen en Antofagasta, o iniciativas que no encuentran respuesta suficiente allá, dicen en Santiago6 . Consumo conspicuo, además.

Las ciudades en la región sostienen complejas relaciones7 entre habitabilidad y producción: Antofagasta, su convivencia con el puerto y la contaminación, carencia de viviendas y espacios públicos adecuados; Calama, con faenas mineras adyacentes y la compleja bajada de Chuquicamata; Taltal y Tocopilla en la incertidumbre: más contaminación, escasa dinámica económica, fragilidad ambiental; Mejillones en busca de equilibrar una inversión privada gigantesca en puertos, electricidad y explosivos con su vocación de ciudad turí­stica. En estos 10 años de abundancia “el balance no resulta del todo satisfactorio”8 .

A 10 años de la creación del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) y del Consejo Nacional para la Innovación y la Competitividad (CNIC), su presidente9 señala que no se ha “aprovechado de la manera más inteligente” el superciclo. Se señala la falta de prioridad que han tenido en nuestro paí­s la innovación, la sofisticación, la diversificación, el crecimiento basado en conocimiento…

Pero “Chile es chico en todo menos en cobre”10 con un 31% de la producción mundial. Sólo para mantener ese porcentaje habrí­a que aumentar la producción a 8 mil toneladas en 2025, de las casi 6 mil de 2014. Lo que implica saltos cualitativos y cuantitativos de gran envergadura. Esto es innovación y es lo que se requiere…

La experiencia de generación de conocimiento es que son necesarias ciudades, capaces de generar condiciones para acogerla, germinarla y consolidarla. Es cierto que empresas y ciudades que así­ convergen son, hasta cierto punto, creaciones naturales y espontáneas, pero la mayor parte de este desarrollo es inducido, incentivado y sostenido por una voluntad, con visión de futuro. Esto es la planificación: la responsabilidad de construir tal voluntad y atraer talento, capitales y dispositivos para estimularlos e instalarlos en el espacio a interactuar, producir ideas, conceptos, métodos. Es lo que ha ocurrido en los distritos creativos11 en el mundo.

Así­, son inseparables ciudades e industrias creativas, inteligentes, en regiones que aprenden, requiriendo de intervención más allá de un “natural acontecer” hacia la transformación, conectadas, capaces de atraer y retener capital humano avanzado. Para esto se precisa de polí­ticas proactivas y estratégicas, coherentes e intencionadas, articuladas y estructuradas, mucho más allá de la mera intervención para atender carencias del mercado. La responsabilidad de generarlas es del Estado: un sector público con iniciativas, impulsando actividades y dinámicas, que no sólo corrige sino crea mercados, como propone la economista Mazzucato12 .

En nuestro distrito minero hay indicadores de sostenibilidad negativos13 , ciudades caras, con escasa oferta urbana y estigma de campamento, industria en crisis de precios, inminente cesantí­a y despoblamiento (en vez de habitar, desertar), CODELCO necesitando recursos (con un Estado ocupado del gasto corriente más que de la capitalización, según señala un senador de la zona14 ) … Estamos lejos de la sostenibilidad.

Por supuesto, en Antofagasta hay iniciativas fundamentales: el trabajo de Creo Antofagasta15 , del Centro de Investigación Cientí­fico Tecnológico para la Minerí­a (CICITEM), el desarrollo de proveedores de clase mundial para la minerí­a, la trayectoria de la Asociación de Industriales de Antofagasta (AIA), las universidades regionales, entre otras; todas apuntando al futuro de la región. Pero se carece de una mirada integradora que pueda abrir el camino desde la desazón de los ciclos a la sostenibilidad. Esa capacidad de construir estratégicamente sólo la puede sostener el Estado, pero uno que haya resuelto sus impedimentos (constitucionales, de concepto y métodos) para ejercer un rol promotor y emprendedor. Se trata de propuestas de polí­tica pública para constituir esa comprensión integral e impulsar procesos desde las ciudades, haciendo posible dibujar el largo plazo, donde la innovación pueda instalarse. Iniciativas existen pero se necesita explicitar el plan y sus etapas, para saber si se cumplen y, ojalá, cuándo.

El florecimiento y consolidación de alternativas a la extracción de recursos naturales está ligado al desarrollo de las ciudades, con oferta urbana atractiva, amenidades, para que las personas quieran ir y se arraiguen porque se vive bien y es posible encontrarse con otros y aprender, crear y avanzar. Porque existe institucionalidad, cultura organizacional y polí­tica capaces de responder a demandas de comunidades especí­ficas. Serí­a natural que esto comience por la minerí­a con un Copper Plains ligado al cobre y sus usos, al estudio del trabajo en altura, a las necesidades de la extracción pero también de la transformación, del control y mitigación de la contaminación, de la vida en el desierto, la observación astronómica, la generación de energí­a solar y eólica, de los recursos del mar, entre tantos aspectos.

Esa configuración urbana requiere de inversiones de gran escala, en infraestructura, en educación, en salud, en buena arquitectura y espacios públicos, en conectividad y servicios; en un plan de largo plazo que se construye a partir de la definición –participativa y democrática- de un futuro, cuya concreción comienza ahora y aquí­: qué debemos hacer para vivir y trabajar como nos imaginamos e identificar estrategias y métodos para lograrlo con inteligencia colaborativa, retos, necesidades, oportunidades, desde el contexto pero puestos en el futuro, con flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de enfrentar “cuestiones difí­ciles”, explicitando el plan compartido, con fases, logros, un repertorio metodológico y audacia: claridad, rapidez, creatividad para comunicar, decidir y catalizar la potencia del plan.

Es una utopí­a: la sustentabilidad -en el desierto- a partir de avanzar en los tres aspectos que diferencian a paí­ses desarrollados de aquellos en ví­as de desarrollo16 : visión de largo plazo, capacidad de innovación y una balanceada distribución del ingreso. La experiencia del superciclo exige explicitar la demanda por mejores ciudades, pues largo plazo, innovación y distribución del ingreso ocurren en lugares concretos, con caracterí­sticas que los hacen posibles. Las ciudades son fundamentales para llegar a estadios superiores de crecimiento y desarrollo, para un futuro sustentable. Allí­ está la fertilidad de la diferencia y la creatividad de la diversidad cultural.

Una de las oportunidades que la crisis del Sueldo de Chile ofrece es la valoración de la ciudad como catalizador de los procesos que instauran esa perspectiva temporal, innovación y mejor distribución de los ingresos. Lo que sólo será posible con nuevas miradas, públicas y privadas. Esta es la base que permitirá la sostenibilidad futura.

1. Ver Sachs y Warner, 2001, Natural resources and economic development, the curse of natural resources, en European Economic Review 45, issues 4-6, pp. 827-838; Gylfason, 2001, Lessons from Dutch disease, University of Iceland, Institute of Economic Studies, www.ioes.hi/publications. [↩]

2. Discurso de Oscar Landeretche, presidente del directorio de CODELCO, en la Cena Anual de la Bolsa de Metales de Londres, Octubre 13 de 2015.

3. Canto a la pampa, poema de Francisco Pezoa, 1915.

4. Más del 10% de la fuerza laboral de Antofagasta vive en otra región, a más de 800 kilómetros.

5. Ver Aroca P. y Atienza, M., 2011, Economic implications of long distance commuting in the Chilean mining industry, en Resources Policy, Vol. 36, issue 3, pp. 196-203. Estos autores hablan de 6 o 7 veces el FNDR.

6. El royalty ha recaudado más de US $ 6.500 millones desde su creación en 2005 (Royalty cumple una década y recaudación se aleja de la innovación, La Tercera, 21 de Junio de 2015). El Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), financiado con estos recursos, cuenta este año con US $ 200 millones. La mayor parte de los proyectos son presentados en Santiago, en subsidio de las regiones mineras, señalan expertos entrevistados, ver en ¿Sustentabilidad en el desierto?, tesis doctoral, pp. 293 y sig.

7. Lo que no es excluyente. Los procesos urbanos y territoriales están en cuestión en nuestro paí­s.

8. Editorial de El Mercurio de Antofagasta, Septiembre 14, 2015. Continúa: “…resulta innegable que la región avanzó, más bien de la mano del boom de la minerí­a, que por una polí­tica gubernamental de desarrollo. Antofagasta sigue careciendo de respuestas urbaní­sticas…”.

9. Gonzalo Rivas en “Se acaba el boom minero: ¿Chile aprovechó de diversificar su economí­a en 10 años?”, EMOL, Octubre 16, 2015.

10. Patricio Meller, en Empezando a discutir el futuro, El Mercurio, Noviembre 10, 2015

11. Se deben distinguir los esfuerzos por integrar cultura urbana con industrias creativas, incentivando y densificando iniciativas y experimentación; de operaciones de mercado que buscan colocar productos elaborados, software y hardware, modalidades de consumo, etc., más que procesos de ensayo y error de los que surja innovación. Ver Smart cities: negocio, poder y ciudadaní­a, de Jordi Borja, en Plataforma Urbana, Septiembre 19, 2015.

12. En The entrepreneurial State, debunking public vs. private sector myths, 2015, Public Affairs, New York

13. Ver ¿Cuán sustentable es la región de Antofagasta? Indicadores y tendencias para un desarrollo regional sustentable, 2014, Barton et al, estudio financiado por el FIC-R, Antofagasta

14. Ver CODELCO y la caja chica, de Alejandro Guillier en El Mostrador, Noviembre 4, 2015.

15. Desde 2012 BHP Billiton lleva adelante una iniciativa para encauzar el crecimiento de la ciudad de Antofagasta, para mejorar la calidad de vida y sus condiciones ambientales y fí­sicas, con un plan creado participativamente, integrando las iniciativas actuales y futuras que identifiquen públicos, privados y las organizaciones de la sociedad civil, a partir de la evaluación y recomendaciones que la OCDE (2013) ha generado, comparando Antofagasta con otras ciudades de la Organización. Se plantea un perí­odo de implementación y monitoreo al 2035. Ver www.creoantofagasta.cl.

16. Patricio Meller, en la editorial citada.

Fuente: Plataforma Urbana

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