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Belfast: Cuando se abre el baúl de los recuerdos

Por Jesús Sánchez Aguilar

En tiempos donde la falta de inventiva en la creación de historias es acuciante y donde impera el remake en orden de saciar a la maquinaria industrial del cine, la carta de la memoria parece proporcionar una muy buena mano. No son pocos los que han ido haciéndolo en los últimos tiempos: Alfonso Cuarón lo hizo hace 3 años, Ron Howard se asomó al pasado de J.D. Vance el año pasado, y hace pocos meses hizo lo propio George Clooney con la vida de J.R. Moehringer. El último en probar a subirse a esa máquina del tiempo personal ha sido Kenneth Branagh, y el resultado es francamente extraordinario.

La película se llama ‘Belfast’, pero la esencia es que surge enamorarse (otra vez) del cine. El precioso viaje a la memoria del director irlandés es un triunfo mayúsculo de la emoción como motor narrativo y una poesía audiovisual a la conflictiva Irlanda de sus propios recuerdos. Branagh abre el baúl de los recuerdos y se arroja a su melancolía para construir un relato cotidiano pero nunca reiterativo. Una película desprovista de ataduras, desacomplejada y desarmada de toda intención, franca y honesta en su único propósito de contar una emotiva historia personal pero que pertenece a muchos; a los que se quedaron, a los que se fueron y a los que allí se perdieron.

Es fácil tenderle a ‘Belfast’ el puente comparativo con la ‘Roma’ de Cuarón, pero más allá de su temática y del B/N (aquí un formato más “físico” que el del mexicano), la irlandesa es mucho más conmovedora y sentida. Es la suerte de que Branagh sea un autor con sensibilidad, con alma por encima de ego, y con un inmenso respeto a lo que le tocó vivir como niño. Precisamente el que hace de niño, Jude Hill, es un auténtico escándalo. Su inocencia, su pasión por el Tottenham, su admiración por su familia (especialmente su abuelo), su prosa romántica en ciernes o incluso su lado rebelde, encarnan ese cacique de sentimientos que convergen cuando la niñez regenta una vida. Todo eso siendo un papel debutante, tomen buena nota.

Al lado de Hill hay un reparto de gran categoría, especialmente un arrebatador Ciarán Hinds (suyas son las mejores escenas de la película) y una delicada en matices Caitriona Balfe, como madre de la familia. Ojalá más directores se retrotrajesen con más asiduidad a sus infancias desde el punto de vista artístico, por el canal temporal que surge de sus obras. El cine conquistaría corazones sin necesidad de producir cualquier cosa irresponsablemente. ‘Belfast’ es la brillante prueba de ello, porque es una película que no molestará a nadie, que robará muchos corazones y que, de seguro, hará recordar que a veces viene bien constatar eso de que todo tiempo pasado fue mejor.

Fuente: El Séptimo Arte

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