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Chile: ¿Es necesario luchar por un nuevo código del trabajo?

Un código del trabajo es, esencialmente, un cuerpo normativo que al regular las relaciones entre el capital y el trabajo, legitima y legaliza la explotación.

Por Clemente Espinosa S.

Una de las principales demandas que ha sido levantada por las organizaciones sindicales es la de un nuevo código del trabajo, que reemplace el  actual. Sea la CUT, la UNT, la CAT o la UCT, además de distintos sindicatos de base o centros de estudios, pareciera que hay un consenso al respecto. ¿Cómo debe generarse el nuevo código? Debe ser creado con la participación de los trabajadores y sin ninguna de las disposiciones que afectan la actividad sindical (existencia de grupos negociadores, limitación a la negociación colectiva por rama y a la huelga, entre otras tantas).

Si bien los trabajadores tenemos la necesidad de luchar por conseguir ciertas reformas laborales que nos aseguren mejores condiciones para poder organizarnos y para poder vivir, es necesario reparar en el rol que desempeña cada una de ellas en la lucha de clases, concluyendo que la lucha por un nuevo código del trabajo no representa una postura de avanzada capaz de confrontar directamente con la burguesí­a. Esto por varios motivos que se explicarán.

Un código del trabajo es, esencialmente, un cuerpo normativo que al regular las relaciones entre el capital y el trabajo, legitima y legaliza la explotación. En otras palabras, nació como un brazo del capitalismo, brazo que le permite el control de la actividad sindical.

En ningún caso decimos que una normativa laboral menos rí­gida y favorable al empresario no sea deseable, pero esto no se conseguirá a través de una demanda tan general como lo es el nuevo código, siendo necesario asumir demandas que impliquen una real confrontación y que a su vez sean capaces de ser tomadas y defendidas por los trabajadores en su forma más sencilla y entendible.

Basta conocer el contexto en que fue dictado el primer código del trabajo para ver el rol que este cumplió en un momento de lucha de clases particularmente álgido. Esto fue en el año 1931, durante la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo. Dicho código vino a ordenar las primeras leyes laborales dictadas en 1924, estableciendo la fijeza y rigidez de las mismas. De más está decir que estas leyes fueron creadas por una burguesí­a lideraba por posiciones internas interesadas en conseguirla armonización de la relación entre los trabajadores y la patronal, humanizando al capital y domesticando la protesta social liderada por los sindicatos y otras organizaciones populares.

Muchas de estas leyes que surgieron desde comienzos del siglo XX obedecieron al anhelo popular de mayor protección por parte del Estado hacia los intereses de clase del proletariado, y fueron ampliamente demandadas por los sindicatos de base y organizaciones sindicales mayores. El estado se caracterizó principalmente por responder con la más cruda represión, significando estas primeras normas laborales un cambio de actitud de la burguesí­a, que entendió que para afianzar mayores niveles de paz social era necesario el establecimiento de un sistema legal de relaciones laborales. De todas formas, estas leyes sociales nunca cumplieron a cabalidad con las expectativas que habí­a sobre su establecimiento, algo que se debe a que fueron creadas directamente por la burguesí­a y a que muchos empresarios se negaban a cumplir con ellas en lo que pudiera favorecer a los trabajadores.

El costo de establecer estas leyes “protectoras” fue bastante alto para los trabajadores. De la mano de éstas, se promulgaron normas que regularon toda la relación laboral, con especial énfasis en la actividad sindical que por primera vez comenzó a ser limitada a los márgenes de la empresa, comenzando de forma más directa el proceso de atomización y aislamiento sindical (que sólo ha sido desbordado por medio del avance en la conciencia y organización de los trabajadores). En otras palabras, se limitó la actividad sindical a los estrechos márgenes de la legalidad burguesa. Como ejemplo histórico del “desborde” de la legalidad podemos mencionar la experiencia de los cordones industriales en 1972. Otros ejemplos más actuales están en la huelga portuaria (2013) y de los trabajadores recolectores de basura a nivel nacional (2013), como también en las múltiples formas de lucha, como las huelgas “de brazos caí­dos” y el boicot.

El código del trabajo nunca fue una demanda de los trabajadores y su promulgación tampoco significó un avance en sus intereses de clase.

A su vez, Chile se caracterizó por ser una de las naciones donde el neoliberalismo se instaló con mayor fuerza. El Plan Laboral de 1979 lo demuestra. Entonces nos preguntamos ¿qué posibilidad real cabe de generar un código del trabajo “por y para los trabajadores” en el actual momento histórico? ¿No resulta obvio concluir que si se llegase a dictar un nuevo código, este sólo obedecerí­a a los intereses del empresariado?

LA LUCHA SINDICAL

Es innegable que en la actualidad no existe mayor relación entre las reivindicaciones de carácter general y las que levantadas por cada sindicato en sus procesos particulares de lucha. En otras palabras, no existe una correlación directa entre las huelgas actuales y las reivindicaciones levantadas por organizaciones sindicales y populares más amplias, teniendo las primeras un carácter netamente económico (no obstante tratarse de todas formas de una lucha polí­tica).

Es inevitable que con el avance de la conciencia, organización y lucha de los trabajadores las demandas económicas tiendan a convertirse en económicas y viceversa. No obstante dicho proceso no es mecánico. Es una tarea revolucionaria el tensar dichos procesos, pues sólo de esa forma existirá una conexión real entre las reivindicaciones particulares y las generales. Por otro lado, las reivindicaciones generales deben ser de fácil entendimiento y adopción por parte de por los trabajadores, cuestión que no ocurre cuando se demanda un nuevo código laboral, pues se trata de una demanda con un alto contenido técnico, que dificulta la empatí­a entre la mayorí­a asalariada y el objetivo buscado.

Las demandas más amplias de los trabajadores en sus organizaciones superiores deben centrarse en la búsqueda de victorias parciales dentro del sistema de dominación, las que a su vez signifiquen una real confrontación frente al poder económico y una base importante de concientización para las masas. Entre estas reivindicaciones encontramos las jornada de trabajo de 8 horas, el fin al subcontrato, la lucha por el sueldo vital con congelamiento de precios, entre otras.

Un nuevo código del trabajo hecho “por y para los trabajadores” sólo es posible en momentos históricos distintos al que vivimos hoy en dí­a. Antes de aquello, más importante es que se generen los niveles de conciencia, organización y movilización adecuados para que los trabajadores puedan superar (o invisibilizar) los estrechos márgenes de la legalidad burguesa, no esperando que la solución baje desde el parlamento, sino que luchando por ella con sus propios medios. Por lo pronto existen muchos ejemplos de quienes han superado la legalidad, erigiéndose como ejemplos de organización, demostrando que si bien serí­a deseable una legislación menos hostil, ésta no es un elemento indispensable para que los trabajadores den la lucha por mejores condiciones en general.

Clemente Espinosa es Secretario Sindicato Unidad de Trabajadores (SUTRA-CHILE)

Fuente: KAOSENLARED.NET

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