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CODA: Cuando a veces la mejor comunicación surge del silencio

Por Juan Pairet Iglesias

Lo único que recuerdo de ‘La familia Bélier’ es que no me dejó un gran recuerdo como el que sí me ha dejado ‘CODA: Los sonidos del silencio’, deduzco, por los hechos, uno de esos casos en los que el remake supera a su original. Incluso hasta el punto de justificar la existencia no ya de sí misma, sino también de un original que no caerá en el olvido gracias a su presunta “copia”. El mundo al revés.

Al igual que la francesa en la que se inspira, ‘CODA’ (cuyo subtítulo español me voy a ahorrar en adelante) es una película que es fácil despreciar y minusvalorar. Ya sea por la portada o unos primeros compases que no prometen nada que no pudiera ser emitido un fin de semana después de comer. Pero esa apariencia que puede jugar en su contra también puede jugar a su favor, por cuanto ‘CODA’ es una de esas películas que podemos considerar como un “pequeño milagro”: El de esas películas que funcionan tan bien que nos dejan sin palabras, y sin ganas de buscarle las cosquillas.

Que si fuera por buscárselas, se las encontraríamos. Faltaría más. Pero es del todo innecesario y hasta cierto punto, contradictorio. Como cuando alguien te dice que una comedia que considera muy mala le hace reír mucho. Entonces, ¿por qué es tan mala si cumple con su propósito? El caso de ‘CODA’ no es el mismo, pero sí puede ser parecido siendo como es, una ración bienintencionada de cine reconfortante de apariencia afable y alimenticia. Lo que es con el orgullo y la prestancia de quien sabe perfectamente el qué está haciendo, el cómo lo está haciendo y el cuando tiene que hacerlo.

Pero sobre todo, del que lo está haciendo con cariño: Cariño por la historia, por sus personajes y por el espectador. Como guionista y directora, Sian Heder impregna a su película de una radiante y cálida sencillez que resulta tan gratificante como reconfortante. Y si bien, lo dicho, podemos intuir, suponer o dar por sentado la existencia de una fórmula en su origen, la cineasta la entierra bajo ese cariño con el que dota de corazón a una historia que cobra vida y se transforma en uno de esos “lugares felices”, mágicos pero esquivos, a los que aspira (o debería) toda obra de su misma condición.

Aceptando que todo parte de una fórmula, ‘CODA’ sería un planteamiento humanista de una cuestión de números que, como diría un matemático, no están dispuestos así por capricho. Con la inestimable complicidad de Emilia Jones y Troy Kotsur, es como si Heder convirtiese un complejo problema matemático en una divertida y emotiva ecuación fácil de entender en cualquier lenguaje del mundo.

Fuente: El Séptimo Arte

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