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Corea del Sur expresa su sentir en la elección presidencial e intenta limpiar el mayor escándalo de su historia

Moon Jae In, el hombre que parte como máximo favorito. Hoy martes espera un elevado nivel de participación en las urnas.

Millones de surcoreanos se disponen a culminar en las forzosas elecciones presidenciales de este martes la histórica exhibición de presión ciudadana que protagonizaron en respuesta al escándalo polí­tico más grave de la historia del paí­s, y que terminará este martes en unas urnas donde se espera un elevado nivel de participación.

Estos comicios decidirán al sucesor de la presidenta Park Geun Hye, cesada el mes pasado por su supuesta implicación en una trama de corrupción y sobornos que ha sacudido los cimientos de los gigantes empresariales del paí­s, los ‘chaebol’, con el conglomerado Samsung a la cabeza.

El revitalizado electorado surcoreano exige a los pretendientes a la sucesión presidencial que aborden sin dilación una cuestión principal: la graví­sima crisis de desempleo juvenil que azota a un paí­s donde el paro entre las personas de entre 15 y 29 años de edad (los jóvenes de entre 15 y 17 años pueden trabajar con permiso paterno) alcanza un 10,8%, 7 puntos más que la media nacional.

Esta es la prioridad interna para el hombre que parte como máximo favorito a la victoria, el candidato Moon Jae In, presidente del principal partido del paí­s, el Partido Demócrata, centrista, con cierta inclinación a la izquierda y que ostenta más de 20 puntos de ventaja sobre su inmediato perseguidor, Ahn Cheol Soo, antiguo magnate informático de 55 años, fundador del más centrista Partido Popular.

La externa, siempre presente, es Corea del Norte, el ámbito donde Moon aspira a hacerse notar en la polí­tica internacional, dada su promesa de volver a convertir a Corea del Sur en un actor fundamental durante el conflicto con el paí­s vecino, dejando atrás los años en los que parecí­a delegar públicamente esta responsabilidad entre China (el principal valedor del régimen de Pyongyang) y Estados Unidos

MOON FAVORITO

Moon es favorito casi indiscutible si no salta una sorpresa extraordinaria en la figura de su rival, Ahn, imán de un electorado conservador que ha repudiado a los partidos tradicionales y se siente atraido por su figura dinámica, gran aficionado a la ciencia ficción y el fantástico, de donde a veces extrae citas para sus discursos.

De hecho, las últimas encuestas no le conceden ninguna posibilidad. Un último sondeo de la agencia oficial de noticias surcoreana Yonhap, de hecho, apunta a un 42,4% para Moon frente a un 18,6% para Ahn, que está incluso empatado con Hong Joon Pyo, del Partido de la Libertad, antigua fuerza de Gobierno. Con todo, se le considera a todas luces como una opción de futuro para el centroderecha.

Realmente no son tantas las diferencias que separan a ambos -han prometido revitalizar la economí­a, ayudar a la juventud y contener el inmenso poder de los ‘chaebol’ y ambos, como detalle adicional, han nacido en el mismo lugar, la ciudad portuaria de Busan-, aunque Ahn es partidario de colaborar más estrechamente con Washington a la hora de detener una hipotética lluvia de proyectiles norcoreanos.

Pero hay un problema: Esta colaboración está condicionada a la instalación de un costosí­simo sistema norteamericano de contramedidas de misiles, la llamada Zona de Defensa Terminal de Elevada Altitud (THAAD), a 125 kilómetros de Seúl y estimada en 1.000 millones de euros. Y, en lí­nea con la nueva polí­tica exterior de Estados Unidos, el presidente norteamericano Donald Trump quiere que Seúl asuma una mayor parte del coste de la instalación, que ya está en marcha. Roces que están deteriorando una relación imprescindible para preservar la precaria estabilidad de una pení­nsula, la coreana, que todaví­a sigue en estado de guerra.

SEUL PROTAGONISTA

De momento, el enfoque protagonista de Moon parece pesar más en el electorado. “No se puede depender de China”, ha declarado el candidato durante la campaña. “Deberí­amos ser nosotros, Corea del Sur, quienes desempeñemos este rol. Si Corea del Norte acepta renunciar a sus armas nucleares, me comprometo a impulsar un acuerdo integral de paz, porque el gobernante de Corea del Norte es Kim Jong Un, y no tenemos más remedio que reconocerle como tal, ya sea a través de las sanciones o del diálogo”, ha aseverado en declaraciones recogidas por Channel News Asia.

Tan próximo se muestra Moon que muchos desertores norcoreanos han reconocido francamente su temor. Todos recuerdan que Moon era miembro del Gobierno surcoreano durante la llamada “Polí­tica del Sol”, un estado de relaciones bilaterales entre Norte y Sur que se prolongó por espacio de una década (entre 1998 y 2008), enormemente aperturista, caracterizada por la intensificación de la ayuda humanitaria.

Sin embargo, esta relajación no se tradujo ni mucho menos en un desarrollo de los Derechos Humanos en Pyongyang, cuyas autoridades por contra, endurecieron todaví­a más sus castigos contra los disidentes. “Si el candidato Moon Jae In es elegido”, ha avisado este mes una organización de desertores en un comunicado recogido por la BBC, “estamos convencidos de que equipos de asesinos norcoreanos cruzarán la frontera para secuestrarnos o para matarnos”.

CIUDADANIA REVITALIZADA

Todos estos factores se combinan en un ambiente chispeante donde la población ha visto cómo su participación cí­vica se ha traducido en cambios polí­ticos. Las manifestaciones, que comenzaron en octubre, comenzaron en forma de vigilias cada vez más numerosas hasta alcanzar, en noviembre, una participación estratosférica de 2,3 millones de personas.

Sin embargo, no hay que olvidar lo cerca que estuvo el paí­s del caos. Desde las primeras semanas de 2017, las manifestaciones crecieron en intensidad conforme aumentaba la presión sobre la antigua mandataria hasta culminar en violentos enfrentamientos durante la primera semana de marzo, que costaron las vidas de tres personas. Otras 55 personas resultaron heridas. El temor a un estallido indiscriminado de violencia forzó el cese de la presidenta, el dí­a 10 de ese mismo mes.

Una vez calmadas las aguas, lo que queda ahora es un poso de vitalidad participativa, si se atienden a las cifras arrojadas durante la votación adelantada de esta semana, en la que más de 11 millones de surcoreanos (un 26%, el porcentaje más alto de la historia) han depositado ya su papeleta, de acuerdo con las cifras de la Comisión Nacional Electoral.

Queda en el pasado la figura de la ex presidenta Park y de su confidente, Choi Soon Sil, quien favoreció a las grandes empresas del paí­s a cambio de “donativos” a las fundaciones que presidí­a. Ambas se encuentran ahora mismo en la cárcel, como el heredero del imperio Samsung, Lee Jae Yong. La ex mandataria se baña dos veces a la semana y no puede comer alimentos procedentes del exterior de la cárcel, a la espera de la culminación del proceso judicial en su contra por abuso de poder.

Fuente: El Economista.es

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