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De forma lenta se avanza a nivel mundial hacia la energí­a limpia para todos

Por Stephen Leahy

En el siglo XXI, todaví­a tenemos más de 3.000 millones de personas que cocinan y se calefaccionan con fogones, de las cuales 1.000 millones no tienen electricidad, a pesar de la iniciativa mundial lanzada por el Foro de Energí­a de Viena en 2011 para universalizar el servicio.

“No nos encaminamos a cumplir nuestro objetivo de acceso universal para 2030, que también es el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) sobre energí­a”, alertó Rachel Kyte, directora general de Energí­a Sostenible para Todos, además de representante especial del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Tenemos que ir más lejos y más rápido juntos”, propuso Kyte a los 1.500 delegados y ministros presentes en el Foro de Energí­a de Viena de este año, realizado en la segunda semana de mayo y de cuya coordinación se encarga la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi).

Kyte recordó a los presentes que el ODS siete, “Garantizar el acceso a una energí­a asequible, segura, sostenible y moderna para todos”, representa la promesa de llevar energí­a libre de carbón y descentralizada para todo el mundo a fin de transformar el mundo y tener “aire limpio, nuevos empleos, escuelas templadas, autobuses limpios, agua por cañerí­a y mejor producción de alimentos nutritivos”.

Además, la comunidad internacional se propuso prevenir las consecuencias catastróficas del cambio climático, para lo cual se comprometió a reducir a cero para 2050 las emisiones de dióxido de carbono en el marco del Acuerdo de Parí­s, suscrito en la capital francesa en 2015, recordó, tras lo cual se preguntó: “Por qué no avanzamos más rápido”.

Al ritmo actual, una de cada 10 personas seguirán sin electricidad en 2030, según el informe Global Tracking Framework 2017 (Marco de Seguimiento Mundial), de las cuales la mayorí­a residirán en ífrica.

En Chad, Ní­ger, Sudán de Sur y República Democrática del Congo solo una de cada 10 personas tienen electricidad actualmente, una proporción que incluso disminuye con el crecimiento poblacional, precisó Elisa Portale, economista del Banco Mundial, quien presentó el estudio realizado por este organismo.

Las energí­as renovables, como la solar y la eólica, concentran una gran atención general, pero el mundo no avanza hacia la meta de descarbonizar 36% del sistema energético mundial, y solo llegará a 21% en 2030.

Actualmente, se encuentra en 18%, pues las alternativas renovables incluyen la hidroeléctrica y la biomasa. Pocos paí­ses han logrado aumentar la participación de estas fuentes limpias en 1% al año, y otros, como Brasil y Canadá, de hecho, retroceden.

Se avanza más hacia la descarbonización de la electricidad que de la energí­a empleada para calefacción y transporte, que parece ser un desafí­o mayor.

Además, las mejoras en la eficiencia energética también están muy rezagadas. Las inversiones en esta área deben multiplicarse por 3 o por 6, respecto de los actuales 250.000 millones de dólares al año para llegar al objetivo en 2030, concluye el informe del Banco Mundial.

El mayor problema detectado por el estudio es que el número actual de personas que todaví­a utilizan combustibles sólidos tradicionales para cocinar aumentó ligeramente desde 2011 a 3.040 millones. Ellos son responsables de una gran parte de la contaminación del aire interior, la que reduce la vida de decenas de millones de personas y causa la muerte a 4 millones, principalmente niños y niñas, todos los años, según la Organización Mundial de la Salud.

Eso parece ser una prioridad y, para 2030, solo 72% del mundo utilizará combustibles limpios para cocinar, observó Portale. En otras palabras, 2.500 millones de personas, la mayorí­a de Asia Pací­fico y ífrica, seguirán quemando madera, carbón o estiércol para cocer sus alimentos.

La cocina limpia no es una prioridad para la mayorí­a de los gobiernos, aunque Indonesia ha logrado avances en la materia, observó Vivien Foster, responsable de economí­a energética, mercados e instituciones del Banco Mundial.

“La contaminación del aire interior tiene un impacto mayor en la salud que el VIH/sida y la malaria juntas”, remarcó Foster en diálogo con IPS.

Una de las razones de que la cocina limpia no sea una prioridad es que los hombres son los principales responsables de la toma de decisiones en el ámbito gubernamental y del hogar y no suelen involucrarse en la cocina. Las cuestiones de salud ambiental reciben una atención mucho menor de los gobiernos. “Por desgracia, los teléfonos celulares están antes que los retretes”, observó Foster.

Pero en India, la situación es totalmente distinta.

La energí­a verde, descarbonizada y descentralizada, ya no es cara ni difí­cil de lograr. También es la alternativa más adecuada para los paí­ses en desarrollo porque tanto el acceso como sus beneficios se consiguen rápido, explicó el ministro de Energí­a de India, Piyush Goyal.

El acceso al gas propano licuado limpio para cocinar aumentó 33% en los últimos 3 años, lo que representa unos 190 millones de hogares. En el último año, 20 millones de las personas más pobres recibieron el servicio de forma gratuita, indicó Goyal a IPS.

Hay millones de personas que todaví­a no están conectadas a la red eléctrica, pero el ministro se mostró confiado de que no será así­ en 2019, 3 años antes del plazo que se fijó India para cumplir el objetivo.

“El primer ministro Narendra Modi está totalmente comprometido con lograr un acceso universal”, aseguró. “Se crí­o en la pobreza y sabe qué es no tener electricidad”, apuntó.

India agregará 160 gigavatios de energí­a eólica y solar para 2022 y podrí­a llegar a superar el objetivo, pues el costo de ambas fuentes está muy por debajo del carbón, la principal fuente de energí­a de ese paí­s.

En cambio, Estados Unidos actualmente solo tiene un poco más de 100 gigavatios en total; y un gigavatio permite alimentar a 100 millones de bombillas LED (acrónimo inglés de diodos emisores de luz), muy utilizadas en los hogares.

En materia de eficiencia energética, India también se acerca a cumplir su objetivo de reemplazar toda su iluminación con la tecnologí­a LED, lo que le permitirí­a ahorrar decenas de millones de dólares en la factura energética y reducir las emisiones de dióxido de carbono en hasta 80 millones de toneladas al año.

“Lo hacemos a pesar de que nadie más lo hace. Tenemos un gran papel en la lucha contra el cambio climático”, observó Goyal.

Traducido por Verónica Firme

Fuente: IPS Noticias

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