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Donald Trump pone en riesgo a todo el planeta

Mientras era candidato, Trump se erigió como un serio riesgo para los migrantes establecidos en Estados Unidos. Hoy, como presidente, su persona pone en peligro al mundo entero.

Por Carlos Montoya
Para El Inversor Diario

A pocos dí­as de que Donald Trump cumpla un mes como presidente de Estados Unidos, el mandatario ya ha tenido sus primeros triunfos y derrotas polí­ticas.

Sin embargo, aún es muy temprano para aventurarse a proyectar, con un elevado nivel de certeza, el impacto del estilo de su mandato en el resto del mundo.

Al menos, esta fue la respuesta que le envié hace unas semanas a uno de los suscriptores de El Diario de Mañana. Le expliqué que por ahora es muy temprano para trazar una lí­nea que proyecte el impacto polí­tico, financiero y comercial de Trump.

No obstante, la duda de nuestro suscriptor alimentó mi curiosidad, así­ que comencé a investigar, buscando una variable macroeconómica que me permitiese alcanzar una mayor profundidad en el análisis, y por ende, ofrecer respuestas que el mercado aún no logra vislumbrar.

Y encontré algo:

Las calificaciones crediticias soberanas

En el mundo existen diversas compañí­as que se dedican a calificar el nivel de riesgo de las empresas y la deuda soberana de paí­ses. La idea es entregar una calificación que refleje la probabilidad de recibir retornos al momento de invertir en ciertos instrumentos, los que pueden ser bonos de empresas o deuda soberana.

Por ejemplo, la calificación de Chile es AA-, la más alta de Latinoamérica, y significa que la inversión en bonos soberanos chilenos es de bajo riesgo, por lo que pagan menos que, un bono chipriota por decir algo, pero está prácticamente aseguro el retorno de la inversión.

Es precisamente esta variable, las calificaciones crediticias soberanas, la que nos permite proyectar cuál podrí­a ser el escenario financiero, económico y comercial, al que nos enfrentaremos en la Era Trump.

Trump y el riesgo soberano

La administración de Trump representa un riesgo para las condiciones económicas a nivel internacional y los fundamentos crediticios de los bonos soberanos a nivel global. Esa es la tesis a tener en mente.

Esto porque la previsibilidad de las polí­ticas de Estados Unidos ha disminuido, considerando que la nueva administración se ha apartado de los canales de comunicación tradicional establecidos y las normas de relaciones internacionales, aunado a la posibilidad de cambios repentinos e imprevistos en las polí­ticas de EE.UU. con repercusiones potenciales a nivel global.

Los riesgos principales para las deudas soberanas incluyen la posibilidad de cambios negativos en las relaciones comerciales, menores flujos internacionales de capital, lí­mites migratorios que afecten las remesas, así­ como confrontaciones entre autoridades de gobierno que contribuyan a intensificar o prolongar la volatilidad de los mercados de divisas y financieros.

La materialización de estos riesgos generarí­a un contexto desfavorable para el desarrollo económico, presionando las finanzas públicas con posibles implicaciones crediticias para algunos soberanos. Además, aumentos en el costo de financiamiento externo o reducciones en su disponibilidad, en particular a la par de una depreciación monetaria, también podrí­an afectar las clasificaciones.

Al examinar las implicaciones crediticias para los bonos soberanos, derivadas de las polí­ticas adoptadas por la nueva administración de Estados Unidos, la recomendación es enfocarse en los cambios en las trayectorias de crecimiento, las situaciones en las finanzas públicas y los desempeños en las balanzas de pagos.

Esto se debe concretar poniendo especial atención en los prospectos a mediano plazo de exportaciones, así­ como en las posibles presiones sobre la liquidez externa y el financiamiento sostenible.

En este escenario, las posturas de EE.UU. respecto a algunos paí­ses podrí­an cambiar rápidamente, al menos de manera inicial, pero cualquier ajuste potencial de clasificación crediticia dependerá de los cambios consecuentes en los fundamentos crediticios de los bonos soberanos que, casi con certeza, se materializarán más despacio.

Por otro lado, aspectos de la agenda económica del Presidente Donald Trump resultarí­an positivos para el crecimiento económico, incluyendo el estí­mulo pendiente de la inversión para infraestructura, el enfoque en la reducción de la carga regulatoria y la posibilidad de recortes de impuestos y reformas tributarias, asumiendo que dichos recortes no conducirí­an a aumentos proporcionales en el déficit del gobierno y la deuda pública.

Una interpretación de la situación actual es que, después de una primera serie de cambios disruptivos para una reorientación fundamental del propósito y dirección de las polí­ticas, la administración de Trump se asentará adoptando un marco consistente en favor del comercio y negocios, el que impulsará estos aspectos de su programa económico, permitiendo efectos favorables en el contexto internacional.

De todas formas, una imagen panorámica del escenario actual permite detectar un mayor nivel de riesgo e incertidumbre en el mediano plazo.

Estados Unidos y su nueva posición comercial

La administración de Trump abandonó el Acuerdo Transpací­fico de Cooperación Económica, confirmado una renegociación pendiente del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y reprendió a empresas estadounidenses que invierten en el extranjero amenazándolas con sanciones económicas.

Además, ha acusado a varios paí­ses de manipular las tasas de cambio para desventaja de EE.UU. El impacto de estas iniciativas no se apreciará por algún tiempo y dependerá de intercambios reiterados entre diversas partes y acontecimientos adicionales inesperados.

En resumen, hay mucho que puede cambiar, pero el tono agresivo del discurso de la nueva administración no presagia un perí­odo fácil de negociación por delante ni sugiere que exista un margen amplio para lograr acuerdos.

Por ende, los bonos soberanos más expuestos a cambios adversos en sus fundamentos crediticios son aquellos con relaciones económicas y financieras estrechas con EE.UU., los que son objeto de escrutinio ya sea por desequilibrios financieros o por la percepción de marcos o prácticas injustas que rigen sus relaciones bilaterales.

Canadá, China, Alemania, Japón y México han sido identificados de forma explí­cita por la nueva administración por tener acuerdos comerciales o polí­ticas cambiarias que requieren de atención, aunque la lista probablemente sea mayor.

Un ejemplo de este nuevo escenario comercial global es la revisión que realizó en diciembre de 2016 la clasificadora Fitch de la Perspectiva de la clasificación soberana de México, manteniendo la calificación ‘BBB+’, pero ahora con una perspectiva –Negativa-. Esta modificación reflejó en parte la incertidumbre económica creciente y la volatilidad de los precios de los activos tras la elección presidencial de EE.UU.

Los aspectos integrales en las cadenas de suministro globales, en particular en productos manufacturados, reflejan que las acciones tomadas por Estados Unidos que limitan el flujo comercial con un paí­s tendrán efectos en cascada sobre otros paí­ses. Las cadenas de valor regionales están especialmente bien desarrolladas en el este de Asia, enfocadas en China, así­ como en Europa central, centradas en Alemania.

En tanto, los controles de inmigración más estrictos y las posibles deportaciones podrí­an tener efectos significativos en el flujo de las remesas, dado que EE.UU. tiene la población inmigrante más extensa del mundo.

Según datos del Banco Mundial, Estados Unidos y México comparten la principal ruta migratoria en el mundo y tienen los mayores flujos de remesas bilaterales. En relación con el producto interno bruto, las remesas son aún mayores para Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, donde todos en su mayorí­a reciben de EE.UU. la mayorí­a de sus ingresos.

Además, los paí­ses que reciben inversión directa de EE.UU., al menos parte de la que ha financiado industrias de exportación enfocadas hacia dicho paí­s, están en riesgo de ser sujetos a medidas comerciales punitivas.

La lista de estos paí­ses probablemente sea larga, dado que las entidades con sede en EE.UU. contribuyen con casi una cuarta parte de la inversión extranjera directa a nivel global. Una baja en la calificación crediticia de alguno de los paí­ses mencionados, cambiará el escenario de inversión internacional en deuda soberana, afectando incluso a los fondos de pensiones en Chile.

Por ello, de concretarse este riesgo planetario frente al nuevo estilo de gobierno del Presidente Trump, hay que estar muy atento al mercado y disminuir el tiempo de reacción, si es que se deben tomar medidas de resguardo en los portafolios.

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