Home / Ambiente / Gobernar contra la naturaleza provocaría catástrofes

Gobernar contra la naturaleza provocaría catástrofes

Muchas decisiones humanas han terminado en catástrofes: China eliminó 1.000 millones de gorriones para salvar sus cosechas, que luego fueron arrasadas por las langostas. La guerra a la naturaleza es el mayor sinsentido.

El Gran Salto Adelante, el plan del comunismo chino de Mao para promover la industrialización y reconstruir la economía agraria hacia un modelo acorde a sus intereses, acabó con millones de muertos de hambre.

Dentro de diversos planes, había un ambicioso proyecto concreto que, según la propaganda del momento, pretendía lograr la felicidad para todas las futuras generaciones chinas: la eliminación de cuatro plagas que impedían el progresar del pueblo.

Las 4 plagas de las que hablaban eran los mosquitos, las moscas, las ratas… y los gorriones.

La pequeña ave se convirtió en enemiga del comunismo a causa de su dieta. Los líderes consideraron que el animal comía una cantidad excesiva de granos, como de trigo y arroz, así como de los frutos que con tanto esfuerzo cultivaba el pueblo chino, mermando la producción agrícola de un país hambriento.

Según sus propias estimaciones, por cada millón de gorriones exterminados podrían alimentarse 60.000 personas más. De esta manera, el Partido emprendió una cruzada contra estos animales. Eliminar al gorrión se convirtió en una urgencia nacional.

Las autoridades hicieron a todos los sectores de la población partícipes de esta masacre, ofreciendo recompensas no materiales por cada pájaro abatido que entregaran a las autoridades.

La población comenzó a envenenar el alimento, destruir huevos y nidos, pisotear a los polluelos caídos y golpear sartenes y tambores para que los animales no se posaran y murieran de agotamiento.

Consecuencias inesperadas

El éxito de la campaña fue rotundo: más de mil millones de gorriones fueron cazados. Pero las consecuencias no fueron ni mucho menos las esperadas.

Los gorriones no solo se alimentaban de cereales y frutas. Multitud de insectos como las langostas suponían gran parte de su dieta. Las poblaciones de ambas especies vivían en un sano equilibrio que aseguraba la existencia de ambas sin dañar el medio donde residían. Y el Partido no fue consciente de ello hasta que fue demasiado tarde.

En el año 1960 ocurrió la más que previsible tragedia. A las infaustas prácticas agrícolas, como el mal uso de pesticidas y la redistribución agraria, se sumó una plaga de langostas que arrasó los campos.

Al verse tan reducida la población de sus depredadores, las langostas proliferaron con gran velocidad y alcanzaron números sin precedentes. Las plagas avanzaron imparables por toda la extensión china, agravando aún más la terrible hambruna provocada por el Gran Salto Adelante.

El exterminio de los gorriones se paralizó en abril de ese mismo año. Incluso se introdujeron 200.000 individuos desde la vecina Unión Soviética para intentar paliar los efectos. Pero las consecuencias ya eran irreparables…Decenas de millones de personas murieron de hambre.

Doblegar a la naturaleza

Y gran parte de las muertes fueron causa de las ansias de doblegar la naturaleza para utilizarla a nuestro favor.

De haber actuado con mayor responsabilidad, la hambruna habría sido menos grave. Si antes de iniciar la guerra contra los gorriones las autoridades hubieran incentivado su estudio habrían visto cuál era su rol en el ecosistema y lo importante que era mantenerlos.

Pero la ideología primó sobre el conocimiento. Y el precio a pagar fue desorbitado.

Hambrunas similares asolaron la vecina Unión Soviética durante todos los años de su existencia. Y su origen fue similar: sus líderes antepusieron la ideología desoyendo los avances científicos que no cuadraban dentro de su ideal revolucionario comunista.

De haber prestado atención a los grandes avances en genética que se estaban produciendo, cientos de miles de personas podrían haber sido alimentadas.

Pero no solo el mundo comunista sufrió la decadencia que acarrea ignorar a la ciencia y atentar contra el mundo natural.

El cuenco de polvo

En las antípodas ideológicas, en el corazón de los Estados Unidos, cientos de miles de personas tuvieron que emigrar intentando escapar del hambre causada por una catastrófica gestión ambiental que convirtió el Midwest americano en lo que llamaron “El Cuenco de Polvo”.

Los humanos, desde hace milenios, nos hemos considerado el centro del universo. El ombligo alrededor del cual todo gira y para quien todo ha sido creado.

Y continuamente el medio ambiente nos ha asestado un fuerte revés.

Con cada descubrimiento, con cada avance científico, se demostraba que este pensamiento está muy alejado de la realidad. Que no éramos más que una especie insignificante habitando un mundo del que dependemos completamente.

A pesar de las continuas evidencias se continuó (y aún hoy continuamos) modificando todo nuestro entorno como si fuéramos realmente capaces de tener bajo control todos los aspectos del planeta en el que vivimos.

Como si los campos, los lagos, las montañas, los océanos, los ríos, los desiertos y las selvas fueran parte de nuestro patio privado, el cual podemos modificar a nuestro gusto y sin causarnos perjuicio alguno.

Más ejemplos

China aún cuenta con más ejemplos de cómo los humanos, al intentar controlar el mundo que nos rodea, nos terminamos infligiendo daños que cuestan vidas. Por ejemplo, las más de 200.000 personas que murieron por el colapso de la presa Banqiao tras un tifón en 1975.

Pero también debemos considerar aquí las enfermedades infecciosas que han aparecido al entrar en contacto más estrecho con otros ecosistemas, o la contaminación de suelos y aguas que provocan diversas enfermedades directas e indirectas en la población.

Y no hace falta cruzar continentes para tener ejemplos. En zonas rurales de España desde siempre se han diezmado las poblaciones de lobos y zorros. Para proteger el ganado, se dice. Para después terminar mendigando ayuda con el fin de acabar con las consecuentes plagas de topillos y conejos que arrasaban sus cultivos.

Esto es la guerra contra nuestros propios compañeros, el afán por buscarnos un hueco aún más privilegiado en los ecosistemas a costa de expoliarlos que tantas veces condujo a la miseria y el hambre.

Antropocentrismo vigente

A pesar de todo el conocimiento acumulado, el antropocentrismo sigue imperando en gobiernos de todo el mundo, en situaciones muy diferentes y con ideologías totalmente opuestas.

Etiopía acaba de construir una de las mayores presas del mundo que recortará cuantiosamente el agua del Nilo que abastece a más de 100 millones de personas.

La destrucción del Amazonas, el bosque con mayor biodiversidad del mundo, se agrava cada año buscando tierras de cultivo y pasto de ganado.

El mundo continúa dependiendo de combustibles fósiles depositados en el subsuelo durante millones de años, mientras que se rozan los 40°C en Siberia.

Algunos de estos proyectos, de estos cambios tan profundos en la naturaleza, tendrán sus consecuencias visibles en un periodo corto de tiempo. Requerirán de cambios para paliar sus daños que, tal vez, resulten en un sano equilibrio entre el mundo humano y el natural.

Pero muchos de estos cambios tendrán graves consecuencias que no podremos estimar en un periodo de tiempo corto. Y para cuando las élites mundiales, aquellas personas con el poder de revertir la situación, empiecen a darse cuenta de la extrema gravedad de sus actos, tal vez sea demasiado tarde.

La Humanidad debería poder progresar sin poner en riesgo su propia existencia. Actuar sin prudencia, sin tener en cuenta todos los escenarios posibles y pensando solo en el beneficio presente, nos conducirá a una catástrofe.

Más aún si se continúa desoyendo a científicos de todos los ámbitos que claman por un cambio de mentalidad si no queremos sufrir unas consecuencias nefastas para nuestra civilización.

Naturaleza implacable

Son muchas las ocasiones donde nuestra especie se ha visto contestada por una naturaleza que, sin ser nunca consciente, se ha mostrado implacable. Pues retarla es como pretender enfrentarse a la mano que nos alimenta y a los muros que nos cobijan de las inclemencias.

La falta de respeto a la naturaleza impulsada por líderes como Mao tuvo un grave efecto bumerang que golpeó con dureza a los más desfavorecidos de su país.

Los efectos de la gran masacre de gorriones que llevó a cabo el país siguen presentes hoy día. Su población actual en territorio chino es casi testimonial y es muy probable que en los años venideros se extingan completamente. Una especie que durante decenas de milenios habitó ese territorio.

Y políticas actuales, como las llevadas a cabo en Indonesia, Brasil o numerosos estados africanos, pero con la complicidad y ayuda de casi la totalidad de gobiernos y multinacionales del mundo, muy probablemente también desemboquen en graves consecuencias no ya solo para sus ciudadanos, sino para todos los habitantes del planeta.

No tenemos más remedio que dejar de mirar a la Humanidad con adoración. Reconocernos como una especie más que depende de un sistema mucho más amplio y complejo. Escuchar a la ciencia, que implora atención.

Porque, como bien reflejó Herman Melville en su novela Moby Dick, declararle la guerra a la Naturaleza, sea ésta un único animal o un planeta entero, es el mayor sinsentido en el que podemos caer.

Por Héctor Miguel Díaz-Alejo Guerrero, investigador en el departamento de Producción Animal (Genética) de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente: Tendencias21

About admin

Te puede Interesar

Por un planeta más sustentable después de la pandemia

Giovanni Calderón Bassi Director Ejecutivo Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático En medio de la …

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *