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Kí¼me Mogen: El primer Banco Mapuche

“Se trata de una acción colectiva de independencia económica. Sólo tenemos el antecedente de Venancio Coñoepán, que fundó una institución cooperativa llamada Caja Central de Indí­genas, pero que no logró funcionar por el fallecimiento de su promotor”, dice Vicente Painel, presidente de la Cooperativa.

Por Arnaldo Pérez Guerra

En octubre se legalizó la Cooperativa de Ahorro y Crédito Endógena Mapuche Kí¼me Mogen, nacida en Temuco gracias al empeño de profesores, comuneros y trabajadores, que tiene como objetivo constituirse en una organización de ahorro y crédito de mapuches y chilenos del Wallmapu. Luego de reunir cerca de 1.300 UF, mediante el aporte de 50 socios plenos, hoy se encaminan a incorporar a 200 socios mensualmente, que ahorrarán un mí­nimo de 5.000 pesos cada mes. Dicho capital les permitirá otorgar créditos con un 2% de interés, el más bajo del mercado. “Se trata de una acción colectiva de independencia económica. Solo tenemos el antecedente de Venancio Coñoepán, que fundó una institución cooperativa llamada Caja Central de Indí­genas, pero que no logró funcionar por el fallecimiento de su promotor”, dice Vicente Painel, presidente de la Cooperativa.

La Cooperativa está en pleno centro de Temuco, en calle Aldunate N°35. Su página web es Kumemogen.cl y se definen como una organización con pertinencia cultural, dignificante y original en fomento de iniciativas productivas comunitarias: “Nos basamos en la ética, el az mapu, que por ví­a de crédito y ahorro accione reciprocidad y mancomunión de sus socios; en pro y por su empoderamiento en el ejercicio de los derechos económicos, portando en la praxis el desarrollo endógeno, el desarrollo con las originales fuerzas de la dignidad y la historia, el choyí¼m mapuche”, agrega Painel.

Definen a la organización como “estratégica en clave geopolí­tica, pensada para producir logí­stica financiera al desarrollo endógeno mapuche y de los habitantes del Wallmapu. Ejerciendo los derechos económicos, recuperando el valor del trabajo, abonando la recuperación de una epistemologí­a mapuche, descolonización y liberación psí­quica, rackizuam, para el despliegue cientí­fico tecnológico. En sí­ntesis, configuramos una herramienta para la recreación del Buen Vivir: Kí¼me Mogen”, anuncian en la página web de la Cooperativa.

HACIA LA LIBERACIí“N ECONí“MICA

La idea es invitar a más socios, conformándose en un Banco comunitario de figura toroidal, es decir que se alimenta de sí­ mismo y que al hacerlo crece cada vez más. Los socios pueden crear otras cooperativas de trabajo para mancomunarlas en inversión y producción con la cooperativa financiera. “En definitiva, tenemos un mundo por construir, y ese mundo es el recobramiento del Wallmapu a las condiciones de la contemporaneidad. Nuestro signo es la liberación económica. Un grupo de profesores de la Asociación de Investigación y Desarrollo Mapuche pensamos cómo traducir las expectativas de mejor calidad de vida para el pueblo en una formulación económica que nos permitiese sostener nuestros propios empeños, en ese caminar nos encontramos con la fórmula cooperativista que está muy en coincidencia con nuestras tradiciones: el keyuwí¼n -trabajar entre todos-, o el mingako -trabajo colectivo que se hace en el campo-, o el trafkintu -intercambio y comercio justo-, que son parte de nuestras tradiciones. El cooperativismo, como fórmula moderna, nos ofrecí­a esa oportunidad, más aún una cooperativa financiera. Al revisar la ley, nos dimos cuenta que en realidad, si bien por nuestra impronta la cuestión mapuche está muy presente, no era una limitante, como sí­ lo es en las asociaciones indí­genas donde sólo pueden participar quienes acrediten ser de algún pueblo originario. La Cooperativa nos pareció una fórmula para aportar al desarrollo de todo el territorio, más aún con los sujetos de a pie”, afirma.

Painel agrega: “Podí­amos levantar un instrumento popular para los pobres del campo y la ciudad y, en definitiva, para todos quienes lo necesitasen: los que están en DICOM y no pueden postular a subsidios o créditos, los que no tienen un ingreso regular que les permita obtener una cuenta corriente en un banco, o sencillamente para los que piden créditos en las tiendas del retail y viven pagando intereses que los empobrecen aún más. Nos decidimos a hilvanar este trabajo y a levantarlo. La ley nos pedí­a 25 millones de pesos y 50 socios. Entre nosotros, nos pusimos a contactar gente, personas que podí­an aportar 500 mil pesos. Se ocupó mi cuenta y aunque muchos no me conocí­an, entregaron el dinero. Ahí­ nos fuimos dando cuenta que la confianza crea valores. Quienes confiaron en que no me arrancarí­a con las lucas terminaron siendo los socios plenos de la Cooperativa, que fue legalizada por el ministerio de Economí­a con más de 35 millones de pesos. Somos una Cooperativa capitalizada. Ya no somos mapuches que andamos pidiendo sino que con nuestra propia platita hemos sido capaces de conformarnos como un Banco. Somos chiquitos pero el horizonte de crecimiento es extraordinario. Partimos con 70 socios y nuestro plan de negocios es incluir cada mes 200 socios. Al segundo mes son otros 200, y los anteriores estarán pagando su segunda cuota, y así­. Calculamos que al tercer año la Cooperativa tendrá ganancias pues se acumularán a partir del pago de intereses por créditos otorgados. Al año de ahorrar se puede solicitar un crédito, que es más o menos equivalente al capital ahorrado. Si alguien quiere ahorrar más lo puede hacer. Anualmente, el 80 por ciento de las utilidades se repartirán entre los socios. La idea y el desafí­o son mayúsculos. Tenemos mucha ambición, ganas y fuerza, y a ese newen es al que invitamos a todos los que quieran participa”.

APOYO MUTUO

El plan es que del monto a ahorrar cada socio destine mil pesos para el funcionamiento administrativo y otros mil para el Fondo Solidario, que es un fondo de auxilio desde el cual tienen la idea de instalar una Farmacia popular. “Uno de nuestros socios, que era muy anciano, falleció hace poco y gracias al Fondo Solidario pudimos entregarle un aporte a su familia para el funeral”, dice. Desde octubre, han ayudado a organizar varias cooperativas agrí­colas. Entre cooperativas se pueden hacer acuerdos y negocios. “Podemos hacer préstamos con montos de inversión, siempre en un cariz productivo. Aunque son montos de crédito pequeños, ayudan a sortear las dificultades económicas. Como colectivo productivo, tendremos un Banco que va a estar apoyándonos en nuestra inversión, negocio o incluso en la expectativa de que los trabajadores sean dueños de su propia empresa o tengan acciones en ella. No es un horizonte lejano”, señala Vicente.

Gloria Marivil, secretaria general del consejo administrativo de la Cooperativa, agrega: “Esto fue un sueño y ya no lo es porque lo estamos haciendo realidad. Caminamos a la concreción de lo que nos imaginamos, la verdad es que eso ya es gratificante porque desde hace un año atrás, cuando me propusieron participar, fue prácticamente un acto de fe”. Dice que la idea proyecta, pues aparece como lo que se suele escuchar: “Otro mundo es posible. Hemos hecho un gran e importante avance en crear la Cooperativa. Vamos creciendo gota a gota: ya vamos en más de 150 personas, y con cero marketing, sin recursos para promocionarnos. Que esté ocurriendo me parece extraordinario”.

Gloria apunta al empoderamiento, porque cada uno es dueño de la Cooperativa: “El Estado no ha puesto ni un peso. Somos más capaces de lo que creemos y los tiempos de crisis nos hacen darnos cuenta. La fórmula es muy similar a la de las mancomunales. Hoy vivimos un neoliberalismo salvaje, donde la clase trabajadora y sectores populares están muy desprotegidos, algo parecido se vivió a principios del siglo XX, y de allí­ surgieron las organizaciones de ayuda mutua; las estamos reflotando porque vemos la necesidad de un mejor futuro. Soy profesora y estoy absolutamente consciente de que cuando jubile lo que recibiré no me va a alcanzar para vivir. Me tengo que empezar a preocupar de eso. En tiempos de crisis se generan milagros, y el mejor es unirse y en conjunto buscar fórmulas para salir de los problemas. No es una cooperativa restrictiva. No cobramos cuota de incorporación, no pedimos papeles, solo el carnet. En buena medida los mapuches no estamos en el grupo de población que puede acceder a un crédito. Si queremos realmente que esto beneficie a nuestra gente, tenemos que eliminar todo escollo, todo obstáculo que impida que la persona haga realidad su voluntad de ahorrar”.

Ana Vásquez participa en Ngeren pu Folil -Tejiendo nuestras raí­ces-, una organización de ngerekafes -tejedoras-, es profesora de historia y realiza investigaciones sobre la violencia contra la mujer mapuche y la salud intercultural: “Tengo sangre mapuche por lí­nea paterna. Colaboro en la Cooperativa con trabajo administrativo y soy socia fundadora. Creo en el proyecto y en los peñi y lamien por el entusiasmo que tienen, el interés y el compromiso. El objetivo es el de aunar las fuerzas, apoyar lo que hoy en dí­a se denominan emprendimientos. Vamos a ahorrar y el dinero se podrá ir prestando a través de créditos entre los mismos socios. Yo egresé hace un año y no he tenido ningún trabajo seguro. En estas condiciones, no puedo pedir un préstamo en el sistema financiero pues no tengo liquidaciones de sueldo. En la Cooperativa sí­ podré y deberé comprometerme para cancelar las cuotas cada mes. Pretendo ahorrar y de aquí­ a unos 15 años más echar mano al dinero. Pienso que con otros socios podemos instalar talleres o crear un espacio en la sede para presentar nuestros trabajos”.

BUEN VIVIR

Para Jorge Huichalaf, profesor y vicepresidente de la Cooperativa, el objetivo es crear una institución que cobije todas las inquietudes de la gente mapuche y chilenos que quieran hacerse partí­cipes e ir en respuesta de las necesidades de ahorro y crédito de todos los habitantes del Wallmapu: “Escogimos el nombre Kí¼me Mogen -Buen Vivir-, y la idea es recoger esos principios que están en nuestra cultura ancestral: vivir en armoní­a con la naturaleza, respeto a los sabios, a nuestros ancestros, también a nuestra cultura, practicarla y difundirla. Opera en la lógica del keyuwí¼n: apoyo solidario entre socios, y pretende nacer desde las fuerzas propias de sus asociados como un choyí¼m -brote- nuevo y vivificante avanzando hasta lograr el verdadero buen vivir. Pensamos ser una plataforma de discusión permanente de los sueños, problemas y desafí­os pendientes para nuestro paí­s desde el centro de una de las regiones más empobrecidas. En la región, cada dí­a nos afecta más la falta de oportunidades de crédito. Queremos constituirnos en una seria propuesta de cooperativismo que abarque la necesidad de entender al ahorro como la gran salida al endeudamiento masivo y aplastante que genera mayores cí­rculos de pobreza y discriminación”, dice. Agrega que decidieron crear una plataforma económica que les permita pararse para visualizar todo el horizonte de sueños que quieren cumplir. “Es un Banco que recupera la confianza de la gente y, a través de éste, se puede financiar atención de salud con machis que ya están comprometidos, hay una idea de un comprando juntos, y ¿por qué no?, se podrí­a financiar una Universidad Mapuche. Crear, por ejemplo, una divisa mapuche, o construir lugares donde veranear, apoyar a empresas pequeñas o familiares que cuenten con recursos, por ejemplo, la construcción de pozos. Ir concretando éstas iniciativas y otras como la recuperación del agua o un banco de semillas, explotación apí­cola, otros tipos de cultivos. Eso está en carpeta y hay muchos otros proyectos. A futuro no tenemos techo. La idea es financiar todo lo que no nos da el Estado. Invitamos a todos a hacerse parte y a contribuir con sus ideas. Lo que tenemos por delante es un camino que depende de nosotros y la lucha para esto es diaria”, dice Huichalaf.

Daniel Toro es profesor de matemáticas en el Liceo Gabriela Mistral de Temuco, y trabajó 16 años ejerciendo la docencia en la comuna de Puerto Saavedra: “Cuando me plantearon la idea la acepté de inmediato porque es una iniciativa de grandes expectativas. Me gustó porque es una fórmula para la gente de trabajo de surgir, desarrollar emprendimientos utilizando créditos de consumo o para proyectos, además que por el hecho de ser cooperativa el costo para financiar el crédito es mucho más conveniente que en la banca. Los créditos que pueda otorgar la Cooperativa, con intereses blandos, van a ser muy accesibles a la gente de trabajo. Si yo pidiera un crédito hoy serí­a para financiar un proyecto de riego. La idea de que la gente ahorre y se preste el dinero es algo que siempre ha estado presente en nuestro paí­s, pero nunca ha tenido un desarrollo mayor. Esa es la idea del cooperativismo, apoyarse unos con otros, y generar proyectos de mediana envergadura o grandes. A medida que crezca la cooperativa podremos aumentar las expectativas e iremos creciendo como personas, porque se conseguirá mayor bienestar para los socios y sus familias”, dice.

Por su parte, Marcelo Neira, asistente social, relata que se incorporó a la Cooperativa haciendo un esfuerzo económico: “Mi experiencia laboral ha estado vinculada a las comunidades, y considero que esta idea nos puede permitir establecer una relación entre los diferentes territorios y organizaciones en términos de que es posible constituir cooperativas de trabajo, y que se vinculen unas con otras y, a partir de esa vinculación, establecer otro tipo de economí­a, desde la base. Esa es principalmente mi motivación, además de un cierto resguardo económico personal, dada la precariedad de los trabajos en la que nos encontramos. Creo que la Cooperativa nos puede brindar ese piso económico que en este momento no tenemos. Tengo proyectos como mejorar mi casa, ampliarla, pero también apoyar a mi familia. Tengo una hermana que es modista y necesita capital de trabajo. La Cooperativa le puede brindar un excelente espacio. En el centro de Temuco, mujeres organizadas venden humitas todos los años, obtuvieron permisos y se uniforman. La Cooperativa pudiese ser un excelente instrumento para su emprendimiento, para que en la temporada tengan capital suficiente para su negocio. Infinidad de gente o no tiene acceso a crédito o accede a préstamos usureros, que es la norma en este paí­s. Somos, por tanto, un espacio económico distinto, que tiene otro carácter y otra ética. La Cooperativa intenta instalar valores: reciprocidad, solidaridad, respeto por las formas propias de crecer de cada persona. En la Región de la Araucaní­a hubo un impulso del cooperativismo en los años 70, que fue frustrado por la dictadura. En el año 2000, el Instituto de Desarrollo Agropecuario se propuso crear nuevas cooperativas. Pasaron los años y un porcentaje importante fracasó, principalmente porque eran instancias creadas desde arriba, desde el Estado, y la gente no participaba; cuando se acabó el financiamiento, se acabó el proyecto. No lo sentí­an como propio. Nosotros creemos que si se hace desde abajo, desde la propia capacidad y entendimiento de la gente, los proyectos pueden fortalecerse y perseverar. Si no se hace un trabajo desde las bases quedará solo como una buena idea. Ese es el desafí­o”, concluye.

Fuente: Mapuexpress.org

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