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La economí­a social y solidaria ya no tiene miedo de crecer

El II Congreso de la Economí­a Social y Solidaria que se acaba de celebrar en Bilbao sirve para profundizar en la escalabilidad de este modelo de producción y consumo.

Por Isidro Jiménez Gómez, El Salmón Contracorriente

Si nos unimos, ¿la suma será sólo la suma de nuestros proyectos o será algo más? En aquellos espacios donde se encuentran y saludan proyectos de la economí­a social y solidaria suele sobrevolar una pregunta por el estilo, y así­ ha ocurrido en el II Congreso de la economí­a social y solidaria que se acaba de celebrar en Bilbao, sólo que esta vez la pregunta era explí­cita y ocupaba nada más y nada menos que todo un eje de trabajo.

Han participado proyectos que transitan entre la empresa y el consumidor en una gran variedad de áreas, y lo que está en juego es, nada más y nada menos, que la posibilidad de crecer para romper los obstáculos que impiden que la economí­a social y solidaria llegue a una gran mayorí­a de la población.

Intercooperación

Susana Ortega, al frente de la Comisión de Mercados Sociales de la Red de Redes de la Economí­a Alternativa y Solidaria (REAS), considera que hablar de crecimiento en la economí­a solidaria es hablar, en primer lugar, de intercooperación, un concepto que viene inscrito en el propio nombre de REAS.

Otra red empresarial, SANNAS, parte de un concepto cercano, una redefinición de la idea de sociedad [de societas, -atis, “compañí­a”] donde la mutua cooperación se enfoca a los fines de la vida: “De aquí­ nuestra creencia en que la sociedad lleva implí­cita la lógica de la colaboración y del consenso”, dicen. Iñaki Alonso, arquitecto y presidente de SANNAS, explica que hay empresas de la economí­a tradicional a las que les gustan las ideas de la economí­a social y están dispuestas a transitar a otros modelos, pero los procesos colectivos de la economí­a social les provocan cierto rechazo, así­ que “hay que proponer una transición procesual y quizás ceder en el grado de implicación que les pedimos”, dice, y termina proponiendo “modelos hí­bridos (presenciales y digitales), canales de participación más amables y divertidos. Con asambleas rollazo ya sabemos que crecer es imposible”.

También Isabel ílvarez, del sindicato agrario EHNE-Bizkaia, cree que el grado de compromiso en este tipo de proyectos “era antes una lí­nea roja y el tiempo ha demostrado que se pueden encontrar otras fórmulas de compromiso”. Sin embargo, añade, nunca debemos olvidarnos de los objetivos de todo esto: “Buscamos una transformación del modelo de producción y consumo. Eso tiene que seguir estando claro”.

EHNE-Bizkaia terminó de poner en funcionamiento hace diez años una red campesina que provee de alimentos agroecológicos a consumidoras y consumidores sensibilizados con sus criterios laborales y medioambientales. La intercooperación fue surgiendo desde el primer dí­a, ante la necesidad de colectivizar recursos, ofrecer variedad de productos a las consumidoras y consumidores, etcétera. Lo interesante, explica ílvarez, es que esa forma de funcionar termina siendo una nueva manera de hacer las cosas que se traslada en el crecimiento: “Al crecer, las estructuras que se generan son nuevas estructuras y de alguna manera cambian la forma de entender la producción y el consumo”.

Pero crecer no es sólo aumentar el tamaño de la red con tus propios recursos, dado que la lógica misma de la intercooperación sugiere alianzas con otras redes, también con aquellas que existen hace mucho tiempo. Es el caso de algunas formas sostenibles de comercio, explica Isabel ílvarez. Para el campesinado lo lógico es, antes de nada, buscar alianzas con redes que ya existen, como el comercio de barrio o los mercados tradicionales de abasto: “Aportan cosas imprescindibles como su cultura tradicional y valores importantes”. Incluso en el terreno de la producción agrí­cola, señala, “no llegas y te cargas lo que hay. EHNE-Bizkaia tení­a claro que no querí­a crear un nuevo campesinado de espaldas al tradicional, así­ que el primer reglamento que se hizo en realidad no lo cumplí­a casi ninguna agricultora o agricultor. Pero al final ha servido de hoja de ruta”.

Apoyo mutuo

Por ello, algunos de los principales agentes de la economí­a social y solidaria, como REAS o los distintos mercados sociales territoriales, ponen la intercooperación encima de la mesa incluso a la hora de comunicar con el consumidor final. La estrategia de EHNE-Bizkaia para llegar a los consumidores no fue hablarles de soberaní­a alimentaria, a pesar de que es uno de los ejes temáticos que trabajan, sino del apoyo mutuo entre campesinado y consumidores: “Es de nuevo una estrategia polí­tica”, explica ílvarez. “Quizás es un error no aprovechar algunos temas con éxito hoy en la alimentación, como la salud, pero cuando empezamos querí­amos generar un cambio de hábitos y no una moda. Ahora es verdad que se debate cómo crecer con nuevos discursos y, a la vez, ser capaces de no perder los principios. Por ejemplo, tenemos que ser capaces de hablar de marketing y dejarnos ya de palabras prohibidas. Pero, a la vez, no podemos crecer y que haya gente que se quede por el camino, como suele ocurrir en el caso de las mujeres, en muchos casos ví­ctimas del crecimiento. El crecimiento que queremos tiene que incorporar los cuidados”.

Fernando Sabí­n, del Consejo Rector del Mercado Social de Madrid, considera que algunas de las tendencias con las que se enfrenta un crecimiento entre públicos no tan sensibilizados no es sólo una cuestión de moda: “De la misma forma que en estos últimos años hay una ciudadaní­a que exige más democracia, también hay cada vez más personas que buscan otras formas de relacionarse, justamente para evitar ese mal vivir que ha terminado provocando el capitalismo individualista y consumista”.

En ese sentido, explica Sabí­n, el tejido productivo que genera la economí­a social y solidaria “va conectando con esa demanda de formas de vida más saludables en todos los sectores, en la energí­a, la alimentación, etcétera”.

Aunque la economí­a social y solidaria nutre cada vez más su comunicación con esos imaginarios positivos asociados a lo ecológico y lo sostenible en la opinión pública, las resistencias a hablar de transformación en términos individualistas son bastante claras. Al consumidor se le suele hablar de ganancia mutua y de beneficios, pero beneficios por participar en la red. Iñaki Alonso cree que, aunque todaví­a hay poca cultura de la economí­a participativa, las consumidoras y los consumidores terminan cumpliendo un papel más importante del que parece. “Por ejemplo –cuenta–, nuestra empresa propone a los clientes el uso de pinturas ecológicas y, como antes no se comercializaba ese tipo de pinturas aquí­, las tení­amos que traer de fuera. Pues bien, ahora ya no hace falta traerlas de fuera, porque la gente ya las pide”.

En ese sentido, tanto SANNAS como EHNE-Bizkaia creen fundamental la conexión entre sus proyectos y el mercado social de su territorio, espacio donde el consumidor pasa a ser un nodo clave de la red. “Vamos ya a salir a las calles –decí­a Susana Ortega en la lectura del manifiesto del II Congreso de la Economí­a Social y Solidaria de Bilbao– y a seducir al gran público con nuestros productos y servicios de la economí­a social y solidaria”.

Así­ que hay que resolver muchas dudas sobre la viabilidad operativa de las estructuras, el mantenimiento de los criterios, la ruptura de los techos, aunque sean de cristal…, pero queda claro que la economí­a solidaria ya no tiene miedo a crecer.

Fuente: Periódico Diagonal

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