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Lagos-Piñera: Cuando la soberbia supera la razón y la vergí¼enza

Hay algo en esto del ‘poder’ que provoca estropicios en la mente de algunos, y estragos serios en quienes deben obedecerles si los susodichos fungen como autoridades.

Escribe Arturo Alejandro Muñoz

La Historia muestra casos de gobernantes y “lí­deres” que dieron claridad a la locura y sombras a las gentes y territorios que administraban. Hace miles de años, en el imperio romano, un todopoderoso emperador al que se le lloví­a la azotea –Calí­gula– designó Senador a su caballo… Tal vez tuvo razón si nos referimos a los padres conscriptos que pueblan nuestro Senado. Mal que mal, muchos de ellos hacen el asno y legislan como tales.

En ese mismo territorio (Italia) hubo Nerón, que decidió incendiar Roma porque necesitaba “emociones fuertes” para componer su música. ¿Espantoso, verdad? Pero, acá en Chile continúan las sospechas respecto del origen del gran incendio que afectó a Valparaí­so el año 2014 arrasando poblaciones enteras situadas en algunos de sus cerros, especialmente en aquellos que tienen “la mejor vista panorámica” de la bahí­a, el puerto y Viña del Mar. Manjar codiciado por grandes cadenas hoteleras y empresas inmobiliarias, sin duda.

A esos dos casos les siguieron muchos otros en el desarrollo histórico de la humanidad. El inconsciente colectivo recuerda a siniestros personajes como Hitler, Franco, Trujillo, Somoza, Stroessner, Idi Amin, Pol Pot, Pinochet, Videla, Fujimori, Netanyahu, etcétera, aunque en los tiempos actuales la ‘maldad’ no siempre se emparenta con la brutalidad fí­sica, la tortura y el exterminio.

Muchos de los ‘lí­deres’ contemporáneos han progresado con el paso del tiempo. Ya no requieren asesinar directamente. Lo hacen mediante legislaciones y acuerdos comerciales, traiciones embozadas y discursos falaces. No sólo se muere fí­sicamente; también es posible fallecer social y culturalmente. En estos casos, se extingue primero la capacidad mental del sujeto, y después, con las neuronas patinando a todo dar, comienzan a fallecer quienes son ví­ctimas de las estulticias y bandidajes del “lí­der”.

Un amigo radical –de esos a la antigua, republicano y chunchulero– asegura que Piñera está afectado por un mal que años atrás el pueblo bautizó como “sí­ndrome Pato Peñaloza”. ¿No sabe de qué se trata? Para conocer ese sí­ndrome usted tendrí­a que haber leí­do –hace algunas décadas– la revista de variedades y chistes picantes más famosa de Chile: “El Pingí¼ino”.

En esa revista, creada y dirigida por Guido Vallejos, habí­a una página dedicada a “Los relatos del Pato Peñaloza”, un personaje de baja estatura, gran jopo engominado, bracitos y piernas cortas, chamullero, fantasioso, pesado insoportable, siempre vestido con el mejor de los trajes, pero lo más importante: tení­a el complejo de los chicos, de los petisos… Se creí­a galán absoluto y juraba que todas las mujeres morí­an de amor por él, adoraba ser figurí­n, centro de mesa, florerito… Sin embargo, iba por lana y siempre salí­a trasquilado, debiendo desaparecer rápidamente de escena para evitar una vergí¼enza mayor o, en el peor de los casos, una buena golpiza.

El ridí­culo que habí­a hecho lo olvidaba en pocas horas, exhibiendo al otro dí­a –en gloria y majestad– las mismas ‘virtudes’ que estuvieron en un tris de provocarle la peor de las pateaduras.

Mirado así­, Sebastián deambula entre egocentrismo enfermizo y ‘sí­ndrome Pato Peñaloza’. Todo ello acompañado por una incontinencia verbal que se asienta en una ignorancia supina respecto de la diplomacia, la polí­tica en serio y la Historia, pero autocomplaciente debido a los arcones de oro y monedas sobre los cuales descansa su nombre.

Todo amenizado por múltiples actos “de negocios” rayanos en el delito. ¿No recuerda cuales? Permí­tame refrescarle la memoria con un listado de ellos que hago de memoria:

Banco de Talca / Ley de Pesca / Chilevisión / Cascada / Colo-Colo / Penta / Especulación LAN / Coimas LAN / Colusión Farmacias / Bancorp / Chispas / SQM / Censo / Puente Cau-Cau / Exalmar (Perú)… y los que han pasado piola.

En la otra orilla de la cloaca neoliberal se encuentra Ricardo Lagos Escobar, algo venido a menos –los 78 años de edad pesan– pero ello no es óbice para que siga creyendo ser otro de los “salvadores de la patria”. De esos que juran a pie juntillas que sin ellos “Chile se hunde”.

Los detractores de Lagos se mofan de esta nueva candidatura del ‘faraón’, y aseguran que quiere gobernar por segunda vez para reparar los “condoros” (la palabra es de Lagos) y errores cometidos en su primera administración. Dicen que la divisa de su campaña podrí­a ser algo así­ como: “Sólo Lagos puede corregir a Lagos”.

¿Y cuáles fueron los ‘errores’ de este caballero en su pasada administración? Permí­tame, amigo lector, mostrárselos en un simple listado:

Caso MOP-GATE / la estafa CAE / el Transantiago / Pascua Lama / validó Constitución dictatorial (reforma del 2005) / Multifondos AFP y comisiones fantasmas / Sociedades Anónimas para el fútbol profesional / Militarizó la Araucaní­a / Concesiones de carreteras con pagos de estafa en el TAG/ Eliminó la Colusión como delito/ 51 proyectos energéticos, entre ellos, 12 hidroeléctricas y 14 termoeléctricas, modelos de generación de energí­a eléctrica ampliamente rechazados por la población / privatización de ENDESA y EMOS.

Autoridad moral es un concepto que, en polí­tica, individuos como Lagos y Echeñique desconocen. Sólo les interesa que los electores sigan asopados por el consumo de televisión canalla, esa que destaca con luces de neón cualquier cosa que pueda agenciarle votos a esos dos politicastros.

Lagos y Piñera son soberbios. Desconocen la vergí¼enza (en polí­tica es un sentimiento inútil). Se niegan a reconocer que las grandes mayorí­as les desprecian. Ambos se fí­an del escuálido 40% de concurrencia a las urnas para apropiarse –uno de ellos, que los dos serí­a demasié– la banda presidencial. ¿Qué más del 60% del padrón electoral no concurre a los comicios? ¿Y qué? La Constitución del 80 (revigorada por Lagos el 2005), no sanciona ni invalida una elección si la inmensa mayorí­a se ausenta del proceso eleccionario.

A tales caciques les conviene que millones de jóvenes se nieguen a sufragar porque “no están ni ahí­â€ ni con la polí­tica y menos aún con los polí­ticos. Esa ausencia le asegura a los Lagos y a los Piñera un nuevo triunfo en las urnas. Ellos ganan, los mega empresarios ganan… Chile pierde.

Ya ve Ud. que no hace falta ser asesino para darle muerte a un paí­s. No es necesario que nos gobierne un Hitler, un Idi Amin o un Trujillo… Basta con mediocridades como las mencionadas en estas lí­neas.

Y como siempre sucede en polí­tica, querido lector, la solución está en sus manos. La cuestión es saber si bastará con un lápiz…

Fuente: Polí­tika

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