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Nobel de Medicina para Katalin Karikó y Drew Weissman, quienes descubrieron las vacunas del coronavirus

Por Azucena Martín

Como cada año, la semana de los Nobel ha empezado con el anuncio del Premio Nobel de Medicina, que ha caído, por fin, en manos de Katalin Karikó y Drew Weissman por el desarrollo de las vacunas de ARNm contra el coronavirus.

El anuncio ha tenido lugar este lunes a poco más de las 11:45, hora peninsular española (también hora sueca), en la Asamblea del Nobel, ubicada en el Instituto Karolinska, en Suecia. En cuanto al encargado de darlo a conocer, como suele ser habitual, ha sido Thomas Perlmann, el secretario del Comité de Medicina del Nobel.

Los ganadores del Premio Nobel de Medicina tendrán que repartirse 9 millones de coronas suecas, equivalentes aproximadamente a unos 830.0000 euros. Vale la pena, por una investigación que, sin duda, ha ayudado y seguirá ayudando a millones de personas, salvando una cantidad inestimable de vidas.

Premio Nobel de Medicina para las vacunas del coronavirus

Se esperaba que el premio Nobel de medicina fuese para ellos en 2021, cuando la eficacia de su investigación estaba más que demostrada. Se ha hecho esperar dos años, pero aquí está.

Sin duda, es una investigación muy merecedora de un galardón de esta categoría. La tecnología del ARNm para el desarrollo de vacunas no es algo nuevo. De hecho, ya se había investigado y se sigue investigando para prevenir las enfermedades causadas por otros patógenos, como el VIH. Sin embargo, Katalin Karikó y Drew Weissman, de la Universidad de Pennsylvania, se sumergieron en los datos obtenidos hasta el momento a un ritmo vertiginoso, para conseguir cuanto antes una vacuna eficaz y segura contra el virus que había conseguido paralizar el mundo entero. Por eso, son grandes merecedores del Premio Nobel de Medicina. ¿Pero cómo funcionan sus vacunas?

Un mensajero para entrenar al sistema inmunitario

Las vacunas tradicionales introducían en el organismos agentes patógenos completos, pero atenuados, para entrenar al sistema inmunitario. Es decir, debilitaban a virus y bacterias para que nuestro organismos detectase algo extraño y se preparase para luchar contra él, pero sin sufrir las consecuencias de la enfermedad. Así, dado que este primer ataque genera memoria inmunitaria a través de anticuerpos, ya estaríamos preparados para cuando llegase ese patógeno de forma natural, sin atenuar.

El problema es que, por mucho que se atenuara, a veces generaban bastantes efectos secundarios. Por eso, se comenzaron a desarrollar alternativas que no introducían los microorganismos completos, sino una parte de su estructura. Generalmente una proteína. Así, el sistema inmunitario generaba anticuerpos contra ella, de manera que, al volver al organismo, acompañada del resto del patógeno, hubiese algo con lo que luchar.

Pero esto era algo costoso y, a veces, no suficientemente seguro. Por lo tanto, ¿qué pasaría si fuese el propio organismo el que fabricase una parte del agente patógeno que se quiere prevenir?

Vacunas que han salvado millones de vidas

El material genético de un organismo, ya sea ARN, como el del coronavirus de la COVID-19, o ADN, como el nuestro, tiene la información de todo lo que necesita ese organismo para su supervivencia. Pero, para que esto se pueda materializar, debe traducirse en proteínas. Las proteínas se sintetizan en unos orgánulos, llamados ribosomas, que se encuentran dentro de las células. Sin embargo, los ribosomas no saben leer el ADN o ARN directamente. Necesitan, primero, que se transcriba en otra molécula, llamada ARN mensajero (ARNm).

Por lo tanto, lo que hace la tecnología del ARNm es desarrollar vacunas en las que se introduzca en el organismo el ARNm con las instrucciones para fabricar una proteína del patógeno que se quiere prevenir. Karikó y Weissman desarrollaron vacunas que introducen en el organismo una molécula de ARNm que, una vez captada por los ribosomas de nuestras células, se utiliza para sintetizar una proteína del SARS-CoV-2, el coronavirus causante de la COVID-19. De ese modo, no hay que manipular el virus ni introducir ningún componente suyo en el organismo. Lo fabricamos convenientemente para entrenar al sistema inmunitario.

Si hoy en día podemos hacer vida normal y convivir con la COVID-19 con bastante tranquilidad, es gracias a aquellas vacunas del coronavirus. Sabíamos que Karikó y Weissman conseguirían el Premio Nobel de Medicina y, por fin, ha llegado el día.

La decimotercera mujer con el Premio Nobel de Medicina

El Premio Nobel de Medicina es el galardón científico de la academia sueca que más mujeres han ganado. Aun así, solo doce mujeres lo habían logrado hasta ahora. Ha habido otras muchísimas que lo han merecido, pero finalmente ha caído en manos de sus jefes o sus compañeros. Buen ejemplo de ello es el de Rosalind Franklin, cuyo trabajo fue esencial en el descubrimiento de la estructura del ADN, a pesar de que el Nobel por esta causa solo lo lograron Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins.

Ojalá algo esté cambiando. Katalin Karikó merecía el Premio Nobel de Medicina tanto como Drew Weissman y los nombres de ambos han resonado hoy en el Instituto Karolinska. Ahora queda saber qué ocurrirá con el resto de galardones.

Fuente: Hipertextual

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