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Proyecto europeo: ¿del amor al desamor?

Por Orlando Torricelli

Tres preguntas a Dí­dac Gutiérrez-Peris, director de estudios europeos en el instituto Viavoice de Paris.

El referendo en Gran Bretaña pone de relieve la compleja relación de los ciudadanos con el proyecto europeo. Tras el entusiasmo de la primera época, al roce con las asperidades de la realidad económica y polí­tica, crisis económica-crisis migratoria, el entusiasmo ha ido perdiendo fuerza e incluso transformándose en un euroescepticismo. Que en algunos casos ha dado lugar a un desamor exacerbado, explotado por sectores polí­ticos.

En un lapso de tiempo relativamente corto los europeos han ido perdiendo apego al proyecto de la Unión, incluso algunos han pasado del amor apasionado a un desamor casi violento. ¿Por qué, qué ha ocurrido ?

Es justo plantearlo como un desamor, pero también hay una segunda lectura de lo que está ocurriendo en Europa, la cual serí­a, más allá del desamor, un pasaje a la edad adulta. Lo que vemos en las opiniones públicas de muchos paí­ses no es tanto esa ruptura, sino más bien una ciudadaní­a que primera vez expresa su propia opinión sobre la Unión Europea; y que en muchos casos se posiciona de una manera crí­tica.

Hay que ponerse en la perspectiva de la cual venimos: cuarenta años de europeí­smo “naif” y casi automático respecto a la construcción europea. Lo que estamos viendo yo lo situarí­a a partir de los primeros refrendos sobre la constitución europea en 2004 y luego obviamente con la crisis y el No del 2005 en Francia en el referendo de la construcción europea, a partir de allí­ hay una ciudadaní­a que no está dispuesta a seguir al margen de la construcción europea y que toma cartas en el asunto expresando su opinión más o menos critica según las diversas ocasiones pero sobre todo más comprometida. Es normal que con un compromiso mayor, las crí­ticas, positivas o negativas, sean más fuertes.

Es decir que, puesta en perspectiva, esta exacerbación de posturas antieuropeas también responde a un mayor empoderamiento de la ciudadaní­a por el tema europeo, lo que no era el caso hace 10 años.

Sí­, creo que ahí­ está la clave. Si bien efectivamente hay una parte de desamor que implica una dura crí­tica a algunas decisiones de la Unión Europea, ya sea sobre el tema de la migración o en el plano económico, forma parte de un conjunto. Que mirado en perspectiva muestra, más que una etapa de desamor es un pasaje a la edad adulta, a una relación más adulta con la Unión europea. Lo que presupone una apropiación crí­tica, es cierto y también mayor información. Antes, a la ciudadaní­a le costaba distinguir entre cuáles eran los poderes del parlamento europeo y del Consejo. Qué rol jugaba la Unión en la inmigración, eso está cambiando, cada vez más ciudadaní­as nacionales saben perfectamente que dependen de las decisiones del eurogrupo o del Banco Central Europeo; es decir mayor grado de apropiación y por ende, de información sobre estas instituciones.

La pregunta que puede hacerse el europeo de la calle es qué ha ocurrido. ¿Por qué si hace unos años todos querí­an entrar al club, ahora la gente quiere marcharse del club?

Bueno, es un club a medias, la lectura que yo y muchos otros investigadores hacemos es que es un club a medias en el sentido que no se dieron los poderes correspondientes ni al Parlamento ni a la Comisión para llevar a cabo polí­ticas que tal vez hubieran beneficiado al conjunto de Europa.

El Parlamento ha tenido poderes muy limitados ante los jefes de gobierno y la UE por su propia naturaleza institucional, arraigada a la diplomacia clásica. Es decir 28 estados miembros y cada uno de ellos, en muchos casos, sigue teniendo poder de veto. Y en esa estructura institucional es muy difí­cil avanzar o conseguir resultados cuando hay una urgencia, y creo que la crisis lo ha mostrado perfectamente. Se tardó tres años en decidir si se dejaba o no caer a Grecia. Tres años es demasiado para una población que sufre y que precisa, así­ como los mercados financieros, una respuesta inmediata.

Tres años es inasumible. Lo que ha ocurrido es que el club no ha llegado a convertirse en un club, sino que se ha quedado a medias. La pregunta que ahora plantea el Brexit y las crisis que estamos viviendo, es si hay apoyo para dar un paso más allá; y aceptar que si algunas cosas no las decidimos juntos no se hacen bien. O volvemos a la idea más nacional, donde pretendemos que dentro de nuestras fronteras estamos más protegidos. Es un cruce de caminos, y la UE tiene que hacerse una autocrí­tica como un proyecto que habí­a conseguido montarse en momentos que parecí­an más complicados geopolí­ticamente como la posguerra, y que ahora se está cayendo.

Fuente: RFI

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