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Turismo barato, alquileres al alza y Airbnb

Los pisos y alojamientos ofertados en la plataforma Airbnb crecen al mismo ritmo que la gentrificación en los barrios con mayor afluencia turí­stica.

Por Pablo Fernández Fernández

Un grupo de jóvenes llega a Madrid. Buscan alojamiento en un hostal, pero, sin haberlo solicitado con antelación, las mejores opciones ya no estan disponibles. Entonces aparece una cómoda alternativa a través de Airbnb, a razón de 15 euros por persona. Son cinco, 75 euros en total y un 15% de comisión para la empresa. Cuando llegaron, descubrieron que era una especie de albergue, desayuno incluido, que no estaba mal.

La economí­a colaborativa se basa en compartir los recursos, y sus defensores argumentan que es una solución al hiperconsumo. Estas prácticas, en auge, llegaron ya a casi todos los sectores: desde compartir coche a vestimenta o comida.

En el mismo vecindario, Juan se tuvo que cambiar de casa. Los alquileres de su calle, que, cuando llegó hace 7 años, rondaban los 250 euros, ahora se ofertan por 400. Su barrio, Lavapiés, vio incrementado el precio medio del alquiler en un 11,2%. Juan prefirió irse al sur.

Para la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (Barcelona), son fenómenos correlacionados, pues “Airbnb no propone un modelo de economí­a colaborativa, sino de economí­a especulativa, ya que se lucra a base de incrementar las rentas de los grandes propietarios, pues la mayorí­a de anuncios les corresponde a éstos”.

Entre todas las empresas ‘colaborativas’, la que más dinero ha ingresado fue Airbnb. Según un estudio de la Universidad de Salamanca y Homeaway, el alquiler turí­stico de pisos supone el 36% de los viajes en España, focalizado en las grandes ciudades, el ‘turismo urbano’.

A mayores, Air­bnb apuesta por potenciar el ‘turismo vacacional’, de sol y playa. En Mallorca, de 2012 a 2013, el número de habitaciones creció un 550% en la plataforma, hasta superar las 11.000 plazas.

Según un estudio de la patronal Exceltur, una de cada doce viviendas está dedicada al alquiler turí­stico en los principales destinos de España. El turismo en el paí­s representa en torno al 12% del PIB y uno de cada siete empleos.

Tras presentar malos números debido a la crisis, a partir de 2014 comenzó a recuperarse, y en agosto de ese mismo año se batió el récord de llegada de turistas extranjeros: nueve millones.

Durante el mismo tiempo, en España se movieron 3.000 millones de euros en alquiler de viviendas, sobre un total de 90.000 millones de euros en todo el mundo.

Una cama hinchable

“Cambia la industria del turismo –reza la web de Airbnb–. Generar ingresos extra es muy sencillo”.

Era 2008, y Joe Gebbia y Brian Chesky no tení­an suficiente para pagar su alquiler. Llevaron a acabo una idea, que pudo ser cualquier otra, y, tras poner un par de camas hinchables, ofrecieron su apartamento para dormir.

í‰sa es la mentalidad que aparece reflejada en su web: personas de clase media, empobrecidas por la crisis, que tienen la oportunidad tanto de seguir viajando por su menor coste –el precio es el principal motivo de elección de Airbnb– como de conseguir esos ingresos extra, a la par que conecta a personas de todo el mundo.

Con el boom de la plataforma, son ya 7.500 los alojamientos que se ofertan en Madrid: un 37% son habitaciones privadas y un 1,4%, compartidas. ¿Y el 61,6% restante? El piso completo.

La página web Insideairbnb, que analizó los datos de la plataforma, diferencia entre los pisos “de alta disponibilidad” –disponibles más de 90 dí­as al año– y los que no. Los primeros deja­rí­an de ser “ingresos extra” y serí­an, en la práctica, una actividad profesional.

En Madrid y Barcelona estos pisos son casi el 90% del total, mientras que en Mallorca la casi totalidad, el 97,5%. Hace un año, en San Francisco nació la ‘proposición F’: limitar a un máximo de 75 dí­as por año la posibilidad de alquilar una vivienda. La iniciativa se votó en referéndum, en el propio hogar de Airbnb. Finalmente, el ‘no’ ganó con un 55% de los votos, ocho millones de dólares de campaña publicitaria mediante.

Una de las crí­ticas que recibe Airbnb es que, para ofrecer una vivienda, hay que ser responsable de su gestión, no su propietario, por lo que se incentivarí­an los alquileres destinados a ser ofrecidos en la start-up. De acuerdo con la web, más de la mitad de los anfitriones ofertan más de una casa. La que más tiene en Madrid, “Raquel”, nombre de la empresa Friendly Rentals, llega a 124.

Gentrificación

Es cierto que la industria del turismo está cambiando. Desde que pusieron las camas hinchables, hace ocho años en San Francisco, por AirBnb han pasado 60 millones de huéspedes y 34.000 casas. Y 140 castillos.

El céntrico barrio madrileño de Lavapiés es una zona de corralas. De patios interiores, escasa planificación, fachadas deficientes y mucha comunidad, extranjeros representantes de lo multicultural y personas mayores representantes de lo castizo.

Ahora, muchos estudiantes universitarios pasean por la calle principal de Argumosa. Si existiese un papel con los nombres de los propietarios de los locales de la ví­a, verí­amos muchos inquilinos nuevos. Se abrieron galerí­as de arte, barberí­as. Cambios recientes pero no novedosos. La sección de Embajadores de Airbnb, una de las calles que atraviesa el barrio, es la de más oferta de la ciudad: 1.107 habitaciones, la mayorí­a pisos completos. Mientras, en los barrios periféricos apenas hay oferta. Si la hay, son habitaciones privadas.

Para la Plataforma pro-Vivienda Turí­stica, de Barcelona, “parece ahora que la invasión turí­stica amenaza con destruir el tejido social y cultural de Ciutat Vella”. Sin embargo, apuntan que el proceso de gentrificación no se inicia con la llegada masiva de turistas, sino mucho antes. “A mediados de los 80 se inició un largo proceso de mejora que fue atrayendo cada vez más a nuevos residentes procedentes de otros barrios en un constante y sostenido proceso de gentrificación”. Se conoce como gentrificación el proceso de transformación de una comunidad por el cual las clases bajas son desplazadas del barrio por clases media-altas.

En la Ciutat Vella de Barcelona hay 3.500 alojamientos. De ellos, 1.035 son del barrio Gótico y 1.223 del Raval. Las caracterí­sticas en Madrid y Barcelona son similares: concentración en barrios céntricos, menos vecinos empadronados y precio del alquiler al alza.

Patronal contra Airbnb

“El mayor riesgo para el negocio hotelero mundial”, dijeron representantes de Melií . “Es competencia desleal”, se lamentaron desde las oficinas de NH. Las grandes cadenas hoteleras claman por regular las operaciones de Airbnb, que, con su modelo, tiene dos millones de habitaciones. Marriott, el grupo hotelero más grande del mundo, supera apenas el millón.

Exceltur, la patronal que integra a Meliá, NH, Globalia o Iberia, lanzó una gran campaña contra Airbnb. En un informe del año pasado, que encargaron a EY España, se afirma que el impacto económico del turismo de alquiler es ostensiblemente menor que “el regulado”, pues los visitantes gastan menos y las contribuciones impositivas son también menores.

Según el estudio, la exención de IVA supone la pérdida de 367 millones de euros anuales. Por otro lado, hace mención también a la subida de precios de los barrios, pues “encarece el precio de la vivienda, expulsando gradualmente a la población residente de esas zonas”.

Sin embargo, un informe de la consultora STR publicó que sólo un millón de habitaciones de Airbnb (menos del 50%) entrarí­a en competencia directa con el sector hotelero, restando aquellas plazas que no se ofertan todo el año y las de modalidad muy concreta (castillos, casas en bosques…).

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia se posicionó junto a la economí­a colaborativa, y en 2014 publicó un informe en contra de una –potencial– excesiva regulación del sector. Aboga por reducir los requisitos para emprender la actividad y así­ “eliminar la burocracia”.

Cuando la Comunidad de Madrid reguló la actividad a petición de los hosteleros, la CNMC llevó al Tribunal Superior el decreto por el cual se impedí­a la oferta de propiedades por estancias inferiores a cinco dí­as (la reserva media era de 3,2 dí­as).

A pesar de la ratificación de esta medida, la Unión Empresarial por la Promoción Turí­stica de Madrid, en contra de plataformas como Airbnb, lo consideró “laxo y permisivo”, afirmó que destruirí­a el 20% de los empleos en el sector y pidió que la regulación se endureciera. No hizo falta, el TSJM dio la razón a la CNMC y AirBnb, y dicho artí­culo fue eliminado.

Barcelona y el turismo

“í‰ste es un hotel Airbnb ilegal. Airbnb fuerza la salida de residentes locales. Ciutat Vella no está en venta”, cuelga una pancarta en Barcelona. Uno de los argumentos de la patronal en contra de Homeaway o Airbnb es que “favorecen la economí­a sumergida”. Desde el Consistorio de la Ciudad Condal, Gala Pin, responsable del distrito de Ciutat Vella, dijo que “el barrio Gótico ha perdido un 40% de población autóctona”. Los alquileres del barrio subieron un 6%.

Así­, Barcelona preparó un plan de choque contra las personas que ofrecí­an viviendas sin licencia, incluyendo un portal web en el que denunciar pisos ilegales.

Sólo en el primer mes hubo sanciones de cierre en 256 apartamentos.

En la Plataforma pro-Vivienda Turí­stica destacan que “en Barcelona no se puede gestionar legalmente un piso turí­stico, pero en cambio sí­ se puede comprar una finca entera o abrir un nuevo hotel”.
El alquiler en España supone el 30% del régimen de vivienda, el alquiler social el 1%. En este contexto, los distintos actores se siguen disputando el futuro de las actividades colaborativas y del turismo.

Fuente: Periódico Diagonal

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